Marinas, patatas chips con sal de Formentera. Las probamos

Tengo debilidad por el diseño, así que muchas veces compro con los ojos, seducido por algún packaging interesante, y claro, no pude resistirme al de Marinas, unas patatas chips con sal de Formentera. Su bolsa llamó mi atención entre los estridentes envases que la rodeaban, y bueno, también me picó la curiosidad lo de la sal.

La empresa que las fabrica es Vicente Vidal, lo cual me hizo desconfiar un poco bastante, algo que ellos también han debido pensar, pues el logotipo de su marca aparece pequeño en una esquina. En cualquier caso, la bolsa ya estaba en el carro camino de mi casa, así que mini punto para los chicos de marketing y diseño.

Cata de patatas chips Marinas, con sal de Formentera

Una vez en casa, me senté cómodamente en el sofá, abrí un cervecita, encendí la tele y comencé a probar las patatas chips. Bueno, en realidad antes hice todas las fotos de rigor, pero hagamos como si eso no hubiera ocurrido.

Lo primero que llama la atención es que son patatas más bien pequeñas; la que veis en la imagen es de las más grandes. No es algo necesariamente negativo, pero a mi me suelen gustar bien hermosas, porque suelo acompañar las patatas fritas de unos mejillones en escabeche, haciendo un clásico montadito con ambos, y si la papa es pequeña, la cosa no es lo mismo.

Por lo general, la mayoría de las patatas estaban completas, no había demasiadas rotas, y eso que no tuve mucho cuidado al subir las bolsas de la compra los cuatro pisos que separan mi piso de la calle, oyendo algún crujido en el ascenso que me hizo temer por su integridad. Tampoco tenían demasiadas imperfecciones, aunque sí había alguna con zonas quemadas o las puntas excesivamente doradas, pero nada grave.

Al morderlas, lo primero que llama la atención es que son muy crujientes —aunque tampoco extracrujientes como reza la bolsa—, sin ser demasiado gordas ni estar demasiado fritas, ni tener que morder demasiado; simplemente crujen. Salvando las distancias, un crujiente bastante parecido al de las patatas fritas artesanas, que ya es todo un piropo.

Luego está el asunto de la sal, que dejando a un lado el diseño de la bolsa, fue el motivo de la compra. ¿Se nota que la sal es de Formentera? Bueno, se nota que no es una sal cualquiera y que, tal como afirma uno de los logos, usan flor de sal, porque ofrece un sabor muy matizado, que un paladar poco acostumbrado podría tildar de excesivamente salado, pero nada más alejado de la realidad. Tras la intensidad inicial, su sabor de va diluyendo en la boca dejando una sensación muy agradable, sin dar demasiada sed.

No es que sean las papas del siglo, ni mucho menos, pero dado su precio bastante razonable (1,50 euros la bolsa) estas patatas con sal de Formentera son una buena opción para aquellos que huyen de los sabores artificiales y las patatas aceitosas. Y hablando del aceite, se elaboran con 100% aceite de girasol, que aunque no es como el aceite de oliva ni mucho menos, es mejor que los misteriosos “aceites vegetales”.

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