Cómo blanquear la ropa de cama amarillenta sin usar lejía y sin dañar las fibras

Ingredientes suaves como bicarbonato, vinagre o agua caliente ayudan a recuperar el blanco original

Joana Costa

Editor

Abrir el armario y encontrar sábanas blancas que ya no lo son del todo es una escena bastante común (y deprimente). No están sucias, pero ese tono amarillento les da un aspecto envejecido que desluce incluso la cama recién hecha. Y muchas veces la tentación es recurrir a la lejía sin pensarlo demasiado.

Sin embargo, ese amarilleo no suele deberse a una falta de limpieza, sino a la suma de pequeños factores cotidianos. El sudor nocturno, restos de detergente mal aclarados o un secado deficiente acaban fijándose en la fibra con el paso del tiempo, alterando el color (y el olor) original.

La buena noticia es que no hace falta usar productos agresivos para revertirlo. Existen métodos mucho más suaves que permiten recuperar el blanco sin castigar el tejido ni acortar la vida útil de la ropa de cama.

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Eliminar residuos acumulados

Uno de los recursos más eficaces es el bicarbonato de sodio. Añadir dos o tres cucharadas directamente al tambor durante el lavado ayuda a eliminar residuos acumulados y devuelve luminosidad al tejido sin alterar su estructura.

El vinagre blanco es otro gran aliado doméstico. Utilizado en el compartimento del aclarado, actúa como desinfectante suave y elimina restos de detergente que apagan el blanco. Además, neutraliza olores sin dejar rastro una vez seca la prenda.

El remojo previo también ofrece buenos resultados. Sumergir la ropa de cama en agua caliente con jabón neutro durante unas horas permite aflojar la suciedad incrustada y reactivar el color, especialmente en sábanas muy usadas.

Ideal zonas específicas

Para zonas concretas más castigadas, como fundas de almohada, funciona bien aplicar una pasta hecha con bicarbonato y un poco de agua. Se deja actuar unos minutos y se lava después con normalidad, sin frotar en exceso.

Eso sí, conviene ser prudente con la temperatura. En tejidos delicados, el agua demasiado caliente puede debilitar las fibras o provocar encogimientos innecesarios. Revisar siempre la etiqueta evita errores difíciles de corregir.

Con estos gestos sencillos, la ropa de cama recupera un blanco más limpio y uniforme, sin olores ni rigidez. Se trata, en fin, de un cuidado más respetuoso que mantiene el tejido en buen estado y alarga su vida sin necesidad de recurrir a la lejía.

Fotos | Pexels

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