La distancia entre los muebles y la pared es muy relevante para evitar que aparezca humedad y moho
Es considerado el enemigo invisible detrás de los muebles. La aparición de manchas oscuras y olor a humedad detrás de armarios, cabeceros o sofás es un problema recurrente en muchos hogares y especialmente en temporada de frio, cuando los espacios están mas cerrados.
Aunque la primera reacción suele ser buscar grietas en la fachada o tuberías rotas, la realidad es que en la mayoría de los casos el origen no es una filtración, sino un error en la gestión de la temperatura y la ventilación interna. Existe un factor físico determinante que pocos tienen en cuenta y que convierte la parte trasera de los muebles en el caldo de cultivo ideal para los hongos.
El motivo principal por el que se acumula humedad en estos puntos específicos es la interrupción de la convección del aire. Cuando pegamos un mueble completamente a una pared que da al exterior, creamos una "zona muerta" donde el aire no circula. Al quedar estancado, ese aire no puede renovarse ni mantener la temperatura del resto de la habitación. La pared, al estar en contacto con el frío exterior, baja su temperatura drásticamente, enfriando también esa pequeña capa de aire atrapada.
Aquí es donde entra en juego un factor clave llamado el punto de rocío. El aire de una vivienda siempre contiene vapor de agua que proviene ya sea de nuestra respiración, la cocina o la ducha. Cuando ese aire caliente y húmedo del ambiente intenta mezclarse con el aire frío atrapado detrás del mueble, el vapor se condensa y se transforma en agua líquida sobre la superficie de la pared. Sin corriente de aire que evapore esa micro-capa de agua, la pared permanece húmeda constantemente, permitiendo que las esporas de moho germinen y se extiendan rápidamente por el material de la pared y el propio mueble.
Por esto, la acumulación de moho detrás de los muebles no suele ser un problema de construcción, sino de lo que se podría llamar física ambiental. El aislamiento térmico deficiente de las paredes, sumado a la falta de una separación física que permita el flujo de aire, crea el ecosistema perfecto para la condensación y en efecto, humedad.
La solución más efectiva y olvidada para evitarlo es tan simple como dejar una distancia de al menos 5 a 10 centímetros entre el mobiliario y las paredes exteriores, para que el calor de la calefacción y la ventilación natural elimine el exceso de humedad antes de que el moho aparezca.
Imagen | Di_An_h
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