Por qué conviene lavar las cortinas en enero y cómo hacerlo sin que encojan

Tras el invierno y las fiestas, el tejido acumula polvo y olor que pasan desapercibidos hasta que se limpian

Joana Costa

Editor

Las cortinas son uno de esos elementos domésticos que siempre nos acompañan, todas las estaciones impasiblemente, y casi nunca se miran. Acompañan comidas familiares, noches de juerga en casa, sesiones futboleras, reuniones largas y días enteros de calefacción encendida. Y, precisamente por esa discreción, suelen ser las grandes olvidadas de la limpieza (a no ser que en la familia haya alérgicos).

Enero llega con la casa cerrando etapa. Se guardan adornos, se ventilan espacios y se intenta recuperar cierta sensación de orden tras semanas de actividad intensa. Es entonces cuando muchos notan que el ambiente pesa más de lo normal, aunque no sepan muy bien por qué.

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Higienizar el ambiente

En gran parte, la respuesta está colgada de las ventanas. Las cortinas acumulan polvo, grasa en suspensión y olores durante meses. Limpiarlas en este momento del año no es un capricho estético, sino una forma sencilla de mejorar el aire interior y empezar el año con otra luz.

El primer motivo es puramente ambiental. Aunque se limpie con regularidad, el polvo doméstico acaba atrapado en los tejidos. Las cortinas funcionan como filtros constantes y, con el tiempo, esa carga invisible afecta a la calidad del aire que se respira a diario.

A esto se suman los olores. Cocinar más de lo habitual, recibir visitas o mantener la calefacción encendida durante horas hace que el tejido absorba aromas que se normalizan con el uso, pero que desaparecen de inmediato tras un lavado adecuado.

La mayoría, a la lavadora

Para evitar que encojan, la norma básica es respetar la etiqueta. La mayoría de cortinas modernas admiten lavadora, pero con agua fría o templada y programas suaves. El centrifugado fuerte es uno de los principales responsables de deformaciones innecesarias.

Un gesto sencillo marca la diferencia: sacudir bien las cortinas antes de meterlas en la lavadora. Así se elimina polvo superficial y se evita que se apelmace durante el lavado, algo especialmente importante en tejidos gruesos o largos.

Colgarlas húmedas

Colgarlas aún húmedas es otro truco práctico. El propio peso del tejido ayuda a que recuperen su caída natural y reduce la necesidad de planchado. Además, se secan en su forma original, sin pliegues forzados.

Si son especialmente pesadas o delicadas, conviene usar programas específicos o incluso dividir el lavado en varias tandas. Forzar la lavadora no solo afecta al tejido, también al resultado final.

Lavar las cortinas en enero tiene un efecto inmediato: entra más luz, el ambiente se nota mucho más limpio y la casa respira de otra manera. Se trata de un pequeño gesto doméstico que, sin grandes esfuerzos, ayuda a empezar el año con una sensación real de renovación.

Fotos | Pexels

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