Por qué llevar tu abrigo de lana a la tintorería cada año no es buena idea

Ventilación, cepillado y limpieza puntual permiten alargar la vida de la lana sin tratamientos demasiado agresivos

Joana Costa

Editor


Los abrigos de lana imponen respeto. Abrigan de verdad, pesan lo suyo y no suelen ser baratos, así que cualquier mancha o mal olor activa una respuesta casi automática: llevarlo a la tintorería.

El problema es que ese recurso frecuente acaba pasando factura. Los disolventes y procesos intensivos dañan la fibra, hacen que la lana pierda cuerpo y acortan notablemente la vida de la prenda.

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Mantenimiento doméstico constante

Por eso cada vez más se recomienda reducir al mínimo las limpiezas profesionales y apostar por un mantenimiento doméstico constante, sin duda, mucho menos agresivo.

Aunque la limpieza profesional suele dejar estas prendas como nuevas, su intervención tienen un coste de vida para los tejidos. Frente a esto, la clave está en cuidar el abrigo entre usos para evitar que llegue a necesitar limpiezas profundas de forma recurrente.

Entre las recomendaciones más habituales se encuentra el hecho de ventilarlo tras llevarlo, colgarlo en un espacio amplio y dejar que respire, lo que elimina gran parte de los olores sin necesidad de agua ni productos.

Cepillado suave

El cepillado suave y constante, siempre en el sentido del tejido, retira polvo, pelusas y partículas que se acumulan con el uso diario y que acaban ensuciando la lana sin que se note.

En casos cocncretos sí que conviene actuar: si aparece una mancha localizada, lo recomendable es actuar solo sobre esa zona, con agua fría y detergente específico para lana, presionando suavemente y sin frotar.

Lavado excepcional

En cambio, el lavado completo debería reservarse para casos puntuales. Siempre a mano, sin retorcer la prenda y con movimientos mínimos para no deformar la estructura, y evidentemente con programas específicos para lana.

El secado es decisivo: en horizontal y sobre una toalla, para que el peso del agua no estire ni deforme el abrigo. Jamás hay que echar mano de secadora, pues es la sentencia final para este tipo de prendas en casa.

Planchado a baja temperatura

Una duda habitual es si un abrigo de lana se puede planchar. La respuesta es sí, pero con muchas precauciones. La lana no tolera bien el calor directo, así que la plancha debe usarse siempre a baja temperatura y, preferiblemente, con vapor.

Lo más recomendable es colocar un paño de algodón entre la plancha y el abrigo, sin presionar en exceso y evitando insistir en la misma zona. En muchos casos, el vapor vertical, sin contacto directo, es suficiente para eliminar arrugas y recuperar la caída natural

Más que un truco puntual, este manual reivindica un cambio de mentalidad. La lana no necesita limpieza constante, sino cuidado regular para mantenerse como el primer invierno.

Foto| Freepik, Pavel Danilyuk

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