Una limpieza suave protege el metal y evita el desgaste prematuro
El acero inoxidable es uno de los materiales más habituales en las cocinas modernas por su resistencia y su estética limpia, pero también uno de los más ingratos en el día a día. Basta una huella, una gota de agua o un resto de grasa para que la superficie pierda uniformidad y se note de inmediato.
Esa sensación de siempre sucio es común en frigoríficos, hornos o campanas extractoras. Y, además, no siempre se limpia bien. El problema no es solo visual. Muchos productos de limpieza de uso general contienen componentes demasiado agresivos para este material.
Con el tiempo, estos detergentes deterioran la capa protectora del acero inoxidable, provocando que pierda brillo, se vuelva mate o incluso aparezcan microarañazos. El daño no se ve al principio, pero acaba siendo acumulativo.
Fórmulas suaves
La clave para mantener el acero inoxidable en buen estado no está en frotar más fuerte, sino en elegir bien el producto. Las fórmulas suaves son las que mejor funcionan, ya que eliminan la grasa sin atacar la superficie metálica. De hecho, cuanto más delicado es el método, menor es el riesgo de desgaste a largo plazo.
Uno de los métodos más eficaces y sencillos consiste en utilizar espuma de afeitar clásica, blanca y sin perfumes intensos. No se trata de un producto específico para la limpieza, pero su composición permite disolver la grasa con suavidad. Eso sí, siempre debe aplicarse sobre un paño de microfibra, nunca directamente sobre el electrodoméstico.
La espuma se extiende con movimientos suaves y circulares, sin ejercer presión. No hace falta insistir ni frotar con fuerza: los tensioactivos actúan por sí solos sobre la suciedad adherida. De esta forma se evita rayar la superficie y se respeta la estructura del acero inoxidable.
Una vez retirada la espuma, es fundamental secar bien la superficie con un paño limpio y seco. Este paso es clave para recuperar el brillo original del material y evitar cercos o marcas de agua. Es en este momento cuando el acero vuelve a verse uniforme y limpio.
Además, este método deja una ligera película protectora que retrasa la aparición de nuevas huellas. Esto resulta especialmente útil en superficies que se tocan constantemente, como las puertas del frigorífico o las campanas extractoras. El efecto no es permanente, pero sí prolonga la sensación de limpieza.
Por el contrario, resulta evidente, pero conviene evitar estropajos, productos abrasivos o limpiadores ácidos como el vinagre. Aunque puedan parecer eficaces a corto plazo, acaban dañando la superficie y acelerando el deterioro del acero. Cuidarlo bien es, en realidad, limpiarlo menos, pero mejor.
Foto | Curtis Adams, Rawpixel.com
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