La preparación, además, se puede tunear a gusto con más o menos enjundia. En este caso: patatas y espinacas
Están las cazuelas ya en modo rompan filas en nuestra cocina porque se acerca el frío y los pucheros y las cucharas empiezan a afilarse. Ya era hora, al menos, para tener una excusa con la que entregarse a la cocina tradicional sin reparos.
Precisamente, lo que sucede con este potaje de garbanzos que es perfecto para tener un primer plato contundente, barato y nutritivo sin andarte por las ramas. O sin dejarte un pastón en él, aunque lleve huevo y el huevo esté ahora por las nubes.
No todos los potajes a base de garbanzos son, necesariamente, el potaje de vigilia tan típico de Semana Santa, aunque podrías hacerlo perfectamente en cualquier otro momento del año.
Sin embargo, esta versión sin bacalao es perfecta para llenar táperes en invierno, aprovechando una cazuela grande con la que dar salida a tus dotes más culinarias, garantizando un plato tan rico como fácil.
Lo único, como siempre que cocinamos garbanzos, es que hay que remojarlos desde la víspera para que se ablanden, pero, a partir de ahí, ya no tienen ninguna ciencia esta receta de nuestra compañera Liliana Fuchs.
Una vez que estén remojados los garbanzos, pochamos una cebolleta y un par de dientes de ajo en una cazuela, incorporando una pizca de pimentón luego y, tras integrarlo todo, tomate triturado, laurel y un punto de sal.
Tras eso, metemos los garbanzos, un toque de vinagre y removemos, mezclando todo bien, para después cubrir la cazuela. Lo puedes hacer con agua o con un caldo que tengas en casa, pero siempre recuerda que el garbanzo se debe cocer desde frío.
Lleva a ebullición, tapa y baja el fuego, manteniendo una cocción lenta durante una hora o noventa minutos, dependiendo de lo tiernos que fueran los garbanzos. A la hora, integra unas patatas cascadas, tan grandes como quieras hacer los trozos. Si las haces pequeñas, se desmenuzarán más y darán enjundia al caldo, pero va en gustos.
Salpimenta, comprueba el espesor –es un potaje, no una sopa– y deja que se cueza todo junto una media hora más. Diez minutos antes, aprovechar para cocer unos huevos y para integrar las espinacas, y tendrás la cazuela del siglo sin liarte más de la cuenta.
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