La investigación, de científicos noruegos, asegura que perder peso rápido no conlleva necesariamente un mayor efecto rebote
La pasada semana se celebró en Estambul el Congreso Europeo de la Obesidad, donde se ha presentado un estudio que cambia enormemente nuestra concepción sobre la forma en que es más conveniente adelgazar.
Existen creencias arraigadas que sugieren que adelgazar muy rápidamente es perjudicial para la salud, ya que aumenta la probabilidad de recuperar el peso perdido. Sin embargo, como explica la doctora Line Kristin Johnson, del Departamento de Endocrinología, Obesidad y Nutrición del Hospital Vestfold Trust (Tønsberg, Noruega), estas preocupaciones se basan principalmente en datos observacionales, suposiciones históricas o estudios pequeños con limitaciones metodológicas.
“En general, la evidencia científica que respalda directamente estas afirmaciones es limitada e inconsistente, y la evidencia proveniente de ensayos controlados aleatorizados de alta calidad es relativamente escasa”, explican la doctora y su equipo en un comunicado.
“Nuestros resultados cuestionan claramente la creencia generalizada de que la pérdida de peso gradual, lenta y constante es necesaria para prevenir la recuperación del peso perdido y reducir las complicaciones relacionadas con la obesidad”, explica Johnson. “Por el contrario, demostramos que la pérdida de peso rápida no se asocia con la recuperación del peso perdido y, lo que es más importante, que una mayor proporción de participantes que experimentaron una pérdida de peso rápida, en comparación con aquellos que experimentaron una pérdida de peso gradual, lograron objetivos de tratamiento clínicamente significativos para reducir el riesgo a 10 años de diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad cardiovascular aterosclerótica y osteoartritis de cadera/rodilla”.
Un estudio clínico
En su nuevo estudio clínico, los investigadores noruegos, han evaluado la eficacia comparativa de un programa de pérdida de peso rápido (RWL, por sus siglas en inglés) frente a un programa de pérdida de peso gradual (GWL, por sus siglas en inglés).
Un total de 284 adultos con obesidad (IMC ≥30) fueron asignados aleatoriamente a un programa de pérdida de peso de 16 semanas con objetivos RWL o GWL. El gasto energético estimado se calculó teniendo en cuenta el gasto energético en reposo de los participantes y ajustándolo según si tenían una actividad física baja, media o alta. Tras la fase inicial de pérdida de peso, los participantes de ambos grupos ingresaron en un programa idéntico de prevención de recuperación de peso de 36 semanas, con opción de prolongarlo si ellos querían, algo a lo que optaron muchos participantes.
Las conclusiones fueron claras. “En adultos con obesidad, la participación en un programa estructurado de pérdida de peso rápida resultó en una pérdida de peso significativamente mayor al cabo de un año, y mayores tasas de consecución de objetivos clínicamente relevantes de IMC e ICC en comparación con un enfoque de pérdida de peso gradual. Estos hallazgos indican que, cuando se realiza en un entorno controlado y supervisado por profesionales, la pérdida de peso rápida puede ser un método más eficaz que la pérdida de peso gradual para alcanzar objetivos clave de peso corporal asociados con la reducción de los riesgos para la salud relacionados con la obesidad”.
Imágenes | Annushka Ahuja
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