
Las personas que presentan una mayor inflamación intestinal antes de la vacunación tienen más a desarrollar fiebre y otras molestias
La vacunación es una herramienta fundamental para la salud pública mundial, pero los efectos negativos que en ocasiones experimentan algunas personas pueden provocar reticencias a volver a vacunarse. Las respuestas adversas del organismo difieren mucho y no todavía no se comprenden bien, pero un nuevo estudio parece haber dado con parte de la clave: la microbiota.
Según los resultados de este estudio, publicado esta semana en la revista Science, el riesgo de sufrir reacciones adversas, como la fiebre, está ligado al ecosistema de nuestra microbiota intestinal, la cual a su vez es altamente moldeable por lo que comemos a diario.
Kelsey Huus y su equipo, de la Universidad de Ottawa y del Instuto Max Planck de Tübingen, entre otros, plantearon la hipótesis de que la microbiota, de la que ya se sabe que influye en la actividad inmunitaria, podría desempeñar un papel clave en el desencadenamiento de estas reacciones. Para comprobarlo, analizaron el microbioma fecal, la temperatura corporal y los marcadores inmunitarios sanguíneos de 171 adultos sanos antes y después de recibir la vacuna de ARNm contra la covid. Descubrieron que ciertas bacterias intestinales producen una sustancia que puede activar vías inmunitarias inflamatorias e intensificar las reacciones relacionadas con la vacuna.
Cuando consumimos dietas ricas en alimentos poco saludables, sobre todo ultraprocesados cargados de aditivos, favorecemos la sobrepoblación de bacterias que poseen flagelos, una especie de cola microscópica que utilizan para moverse, compuesta por una proteína llamada flagelina. El exceso de flagelina generada por culpa de una mala dieta provoca una inflamación crónica y de bajo grado en nuestro tracto intestinal. Como consecuencia, cuando el cuerpo recibe la vacuna, el sistema inmunológico ya se encuentra previamente en un estado de alerta, lo que hace que reaccione de forma exagerada y desencadene el pico de fiebre.
La investigación destaca cómo nuestros patrones dietéticos condicionan el comportamiento de nuestras defensas. Por ejemplo, las personas que siguen habitualmente dietas veganas y vegetarianas, experimentaron un aumento de temperatura corporal significativamente menor tras la vacunación. Los marcadores de una peor salud cardiometabólica, como niveles menos saludables de colesterol, también se relacionaron con una mayor tendencia a la fiebre. El estudio comprobó que el consumo de la carboximetilcelulosa (CMC), un aditivo emulsionante común en la industria alimentaria, estimuló el crecimiento de bacterias intestinales perjudiciales en pruebas de laboratorio.
Es importante destacar que demuestran que la flagelina, la inflamación y la dieta no afectan a las respuestas de anticuerpos a las vacunas, lo que sugiere que la inflamación impulsada por la microbiota aumentó los efectos secundarios de la vacuna sin afectar necesariamente a la inmunidad. Pero modificar la dieta y prepararse unos días antes para recibir la vacunación, priorizando una alimentación saludable y rica en fibra y alimentos vegetales, sí podría evitar los temidos efectos secundarios de ponerse una vacuna.
Aunque los investigadores señalan que se necesitan más estudios de intervención en humanos para conocer realmente los mecanismos de respuesta del organismo a la vacunación, y comprobar si un cambio de dieta inmediato puede prevenir las reacciones negativas, sí consideran que su estudio ofrece información muy reveladora. Un motivo más para evitar los ultraprocesados insanos y priorizar alimentos saludables con una dieta que favorezca tener una microbiota sana.
Referencia
Kelsey E. Huus et al., The human gut microbiome primes fever after vaccination, Science Journal, October 08, 2026.
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