Todo un clásico, elaborado por una de las familias que más ha hecho por dignificar los blancos castellanos desde su creación
Nunca está de más comprobar que, a menudo, los grandes gurús del vino están más cerca de la realidad y bastante más próximos al consumidor de a pie que de esos vinos rarísimos con los que sería fácil sorprender a propios y extraños: rarezas de apenas 100 botellas o referencias tan inaccesibles que solo se alcanzan mediante cupos que acaban en manos de grandes distribuidores y sumilleres, dejando fuera de juego al común de los mortales, entre los que nos contamos.
Eso es, precisamente, lo que ha ocurrido con la publicación del informe de Rueda que cada año elabora el crítico británico Tim Atkin, uno de los mejores conocedores del vino español.
En esta ocasión ha premiado como mejor vino blanco del año en la zona a una referencia de sobra conocida, contrastada por su calidad y con una excelente relación calidad-precio: dos caballos de batalla que, a menudo, lastran al vino blanco español y que aquí se dan la mano en un vino que gusta tanto a la crítica especializada como al cliente de a pie.
Hablamos del José Pariente Verdejo, un clásico castellano que ya elabora Martina Prieto Pariente, con mando en plaza como directora técnica en la bodega que formaron sus padres José y Victoria y que ha dado un salto de calidad a esa referencia icónica y terrenal.
Vino blanco José Pariente Verdejo 2024. DO Rueda.
Aquí no hablamos de vinos frikis, sino de un verdejo que vas a encontrar con facilidad en supermercados y en tiendas especializadas —también online— y que ronda los 11 euros. Una forma muy sencilla de adentrarse, a la vez, en tres mundos del vino: el del vino accesible, el del vino que está bueno y el del vino que gusta a casi todo el mundo.
Además, tiene una historia bonita detrás: una saga familiar, la de los Pariente, embarcada desde hace años en una manera de hacer vino que se sale de los cánones con los que durante mucho tiempo se identificó al verdejo. Porque sí: durante años hemos dado palos —y con razón— a esos verdejos clónicos que no hablan del terruño del que proceden y se convierten en simples caricaturas aromáticas, con sabores de plátano donde debería haber otra cosa.
Y ahí está la gracia: en este José Pariente Verdejo vas a encontrar perfiles más fieles y reconocibles, con ese punto herbáceo, los recuerdos de hinojo y una sensación mineral que encaja con el suelo del que nace.
Es un vino con el que puedes montar un copeo con amigos antes de comer, pero también llevarlo a la mesa sin complicaciones cualquier fin de semana; incluso abrirlo en casa para darte un pequeño capricho. Nadie va a pensar nada raro —ni malo— por descorchar un José Pariente Verdejo.
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