En 2001, un yate a la deriva se refugió en una isla remota del Atlántico. Días después los vecinos empanaban pescado con coca

Cocaina Portugal Netflix

Todo acabó derivando en una miniserie de Netflix que puso en el mapa a una pequeña localidad de Azores

Jaime de las Heras

Editor Senior

De sobra son sabidas las capacidades como marineros de los navegantes sicilianos. Lo que no se sabía, o no al menos lo sabían en Azores, es que la singladura de uno de ellos se convertiría en uno de los episodios más polémicos en la historia reciente de estas islas portuguesas, en mitad del océano Atlántico.

Todo sucedió en junio de 2001 cuando Antonino Quinzi, un navegante siciliano que manejaba un yate con una cantidad indeterminada de cocaína de gran pureza perdió la quilla del barco. Con su pericia, consiguió llegar a la isla de São Miguel, la mayor de las islas que conforman Azores… pero su preciada e ilegal carga lo acabó pagando.

Decenas de fardos de cocaína llegaron así flotando a la zona de Rabo de Peixe, en el norte de la isla. Todo a pesar del buen hacer de Quinzi que, intentando distraer la carga mientras arreglaba el barco, sumergió los fardos con redes de pesca debajo de la embarcación… hasta que una tormenta comenzó a golpear la isla y el oleaje acabó rompiendo las redes.

Así, con un goteo constante, los fardos comenzaron a llegar a la orilla. ¿Cuántos y cuánta cantidad? Nunca se sabrá a ciencia cierta. Investigaciones iniciales sostenían que rondaban los 500 kilos, pero otros expertos valoraban que, incluso, el barco pudiera llevar más de 3.000 kilos de una cocaína de extraordinaria pureza la que acabó en las arenas de Azores.

Pescados empanados y cocaína a mansalva

La policía, en las primeras dos semanas, consiguió interceptar hasta 400 kilos, pero fueron muchos más los fardos que acabaron en manos de los vecinos. De hecho, el acontecimiento inicial –un 7 de junio– un primer vecino encontró hasta 270 fardos con una carga estimada de casi 300 kilos de cocaína.

A partir de ahí, la realidad empezó a mezclarse con la leyenda e incluso Netflix decidió convertir la aventura –o desventura– en una miniserie bautizada como Marea blanca: La surrealista historia de Rabo de Peixe.

Algunos vecinos sí eran conscientes de lo que era aquella carga. Otros, según el mito, desconocían por completo la realidad del polvo blanco que allí desembarcó. Así que algunos comenzaron a traficar con ella, pero no sabiendo a ciencia cierta la pureza y calidad de aquella cocaína que podrían superar los 15.000 euros el kilo… y la vendían en vasos de plástico por cinco dólares.

Mientras, los más ignotos, la empezaron a utilizar –según el folclore– en su día a día. Algunos se cuenta que empanaban el pescado con cocaína. Otros que la utilizaban para sustituir al azúcar del café… Dislates varios que durante varias semanas sumergieron en un frenesí de cocaína a una de las zonas más deprimidas de Azores.

Lo más irónico de toda la historia, más allá de acabar en Netflix, es que las andanzas de Antonino Quinzi no terminaron ahí. Se le detuvo, se le confinó en la cárcel de Ponta Delgada –la capital de la isla– y, aún así, consiguió fugarse de allí… Hasta que fue encontrado en casa de un pescador. Todo un personaje. 

Imágenes | You Know What Blog / Pincalo / Leo Pekaar

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