24 horas en Priego de Córdoba: qué hacer y qué comer en una de las capitales del aceite andaluz

Quizá solo un día sea poco para enamorarse de una de las ciudades más sorprendentes de Andalucía

Jaime de las Heras

Editor Senior

Priego de Córdoba aparece entre pliegues de montaña como un caserío blanco suspendido sobre la roca, allí donde la Subbética empieza a ondularse en barrancos, manantiales y huertas que perfuman el aire. La localidad, a unos 75 kilómetros al sureste de Córdoba capital, lleva siglos dialogando con el sonido del agua.

El murmullo de las fuentes, el discurrir de los arroyos y la humedad fresca que se filtra por el Adarve han forjado el carácter de este enclave conocido, con justicia, como la Ciudad del Agua. El visitante que llega por primera vez suele advertir una mezcla singular de serenidad serrana y vitalidad urbana que invita a perderse sin prisa.

En este marco geográfico cobra sentido la riqueza monumental que atesora el municipio. Cada giro del callejero deja entrever algún detalle barroco, un campanario que irrumpe entre tejados o un fragmento de muralla medieval que recuerda su pasado fronterizo. 

La silueta de Priego de Córdoba. ©iStock.

Iglesias como la Asunción o la Aurora condensan esa exuberancia artística que convirtió a Priego en referente del barroco cordobés, mientras que el Barrio de la Villa reivindica su origen islámico con un trazado recogido, luminoso y salpicado de macetas. La topografía, lejos de entorpecer el paseo, potencia la sensación de descubrimiento continuo.

Calles del casco histórico de Priego de Córdoba. ©Spain.info

El paisaje agrícola completa la identidad del destino. La comarca es sinónimo de olivar y de un aceite que figura entre los más premiados del mundo gracias a la Denominación de Origen Protegida Priego de Córdoba. Las variedades picudo, hojiblanca y picual llenan de olor verde las almazaras locales, donde se organizan visitas que permiten entender por qué este rincón de Andalucía se ha convertido en un icono gastronómico internacional. 

Los prieguenses han sabido además preservar un calendario festivo que refuerza la personalidad de la ciudad. La Semana Santa, con pasos de enorme valor artístico, se vive en silencio denso y recogido. En mayo, la celebración de la Cruz y las fiestas de barrio iluminan plazas y rincones con flores y mantones bordados. Tradiciones más recientes, como la Noche de la Media Luna, transforman el casco histórico en un escenario de luz tenue y actividad cultural que añade un toque casi mágico a las noches de verano.

Comida: La Pianola Casa Pepe

La Pianola abrió en los años ochenta, por mediación y arte de Pepe Rico Molina, como un pub, pero acabó evolucionando hacia un restaurante con todas las letras que hoy, en manos de Rafael Rico, el hijo del fundador, sigue haciendo las delicias de los clientes locales y de los numerosos turistas que se dejan atrapar por esta cocina casera, sencilla y sabrosa.

No esperes vanguardia, pero sí sabor. Imprescindibles son sus flamenquines canónicos, la carrillá ibérica y, si te gusta la casquería, bordan los callos. La carta, además, se completa con una oferta potente de pescado frito y mariscos, además de buenos postres, muy andalucistas, donde brilla el tocinillo de cielo, que es otra de las señas de identidad de la casa.

Si pretendes ir a Priego en fin de semana, conviene reservar, porque se suele poner de bote en bote, tanto por el cliente de la ciudad como por la gente que se deja caer por allí, pero la experiencia merece la pena. 

Otra alternativa, también clásica, es el Asador La Muralla, que también borda algunos platos tradicionales como flamenquines, alcachofas guisadas o la no menos clásica berenjena frita, con su toquecito de miel, también con precios comedidos y que, de nuevo, si vas en fin de semana, conviene llamar previamente para asegurarse el sitio. 

Mañana: Barroco luminoso y ecos medievales

La jornada puede abrirse en la Iglesia de la Asunción, donde el barroco cordobés alcanza una delicadeza que pocos esperan encontrar en una ciudad de tamaño medio. La Capilla del Sagrario envuelve al visitante en un entramado de yeserías y relieves que parecen flotar en el aire. La luz entra tamizada y acentúa la sensación de estar ante un pequeño tesoro oculto, un espacio que invita a mirar hacia arriba y dejarse impresionar por la armonía del conjunto.

La impresionante cúpula de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que combina un exterior gótico con un vibrante barroco interior. ©Turismo de Priego de Córdoba.

Al salir, resulta natural avanzar hacia la Iglesia de la Aurora, cuya cúpula elíptica sorprende por su dinamismo y su juego de perspectivas. El interior transmite un ritmo diferente, más íntimo y silencioso, que prepara el ánimo para el paseo que aguarda después. 

El impresionante interior barroquísimo de la Iglesia de Nuestra Señora de la Aurora. ©Turismo de Priego de Córdoba.

Los alrededores del templo conforman un cruce amable entre la vida cotidiana de Priego y su legado monumental: tiendas tradicionales, pequeñas plazas y el murmullo pausado de quienes comienzan su día.

Barrio de la Villa de Priego de Córdoba. ©Turismo de Priego de Córdoba

El itinerario conduce poco después al Barrio de la Villa, donde el origen andalusí del municipio se hace evidente. Las calles estrechas y sinuosas revelan fachadas resplandecientes de cal, puertas diminutas y un insinuado aroma a jazmín que acompaña en los meses cálidos. 

Las Carnicerías Reales, construcción que sirvió como mercado y matadero desde el siglo XVI. En el interior, su escalera de caracol sorprende a todo el que la visita. ©Turismo de Priego de Córdoba

El barrio se recorre como quien avanza por un pequeño mundo protegido, donde cada giro ofrece una imagen distinta: una reja adornada, un arco inesperado, una esquina donde las macetas parecen desafiar la gravedad. Allí, además, vas a encontrar otra de las grandes sorpresas de la localidad: las Carnicerías Reales.

La escalera de caracol de las Carnicerías Reales. ©Turismo de Priego de Córdoba

Todo este laberinto blanco desemboca en el Balcón del Adarve, quizá el lugar que mejor explica la relación entre Priego y su entorno natural. El paisaje se abre de golpe, mostrando la campiña, los montes suaves y el juego de luces que provoca el sol sobre los olivares. 

El Mirador del Adarve. ©Turismo Priego de Córdoba.

El paseo por el Adarve es una invitación a detenerse, a mirar sin prisa y a comprender cómo la geografía ha modelado el carácter del municipio. Siendo una de las mejores panorámicas –de las muchas que te puedes llevar en el carrete– de una ciudad hecha casi a capricho de un fotógrafo. 

Vistas desde el castillo de Priego de Córdoba. ©Turismo de Priego de Córdoba.

A escasos pasos se alza el Castillo de Priego, cuyas murallas y torre del homenaje recuerdan la importancia defensiva de este enclave durante siglos. Su silueta vigila aún el caserío blanco, y subir a la torre permite contemplar la ciudad desde otra perspectiva, más cercana y recogida. Allí se perciben los tejados rojizos, los campanarios barrocos y el trazado del casco histórico como si formaran parte de un delicado tapiz.

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Tarde: Agua, miradores y sabores de la Subbética

La tarde puede comenzar en la Fuente del Rey, uno de los emblemas indiscutibles de Priego. Sus más de ciento treinta caños, repartidos entre mascarones y figuras mitológicas, convierten el conjunto en un espectáculo de agua en movimiento. 

La Fuente del Rey, uno de los grandes atractivos de la arquitectura monumental prieguense. ©Turismo de Priego de Córdoba.

El sonido constante del caudal acompaña el paseo, mientras la Fuente de la Salud, situada a pocos metros, completa la escena con un aire más clásico y sereno. Este rincón constituye uno de los lugares más evocadores de la ciudad, especialmente cuando la luz empieza a suavizarse.

La Fuente de la Salud, otra de las razones por las que se conoce a Priego como 'la Ciudad del Agua'. ©Turismo de Priego de Córdoba.

Tras abandonar las fuentes, la ruta puede continuar por las Calles Río, Carrera y del Carmen, donde se concentra buena parte de la vida comercial del municipio. Es una oportunidad para sumergirse en la dinámica cotidiana: vecinos que conversan, escaparates que muestran productos locales y cafeterías que llenan el aire de aromas dulces. El ritmo del paseo cambia, más urbano y animado, pero sin perder el encanto pausado que caracteriza a Priego.

Otro de los puntos clave de la arquitectura sacra de Priego; la Iglesia de San Francisco. ©Turismo de Priego de Córdoba.

Como es lógico, se puede también intentar visitar alguna almazara local, aunque no todas ofrecen planes de oleoturismo. No obstante, una buena opción es acercarse a Almazaras de la Subbética, responsable de algunos de los aceites de oliva virgen extra más premiados de España, con referencias como Rincón de la Subbética. 

Explicación en la almazara Marín Serrano 'El Lagar'.

También se puede visitar la almazara Marín Serrano 'El Lagar', que cuenta con una visita a campo y luego a las instalaciones donde se explica todo el proceso de elaboración del aceite y, por supuesto, se remata con una cata organoléptica para comprobar cómo debe 'probarse' el oro líquido. También ofrecen catas y visitas en Aceites Vizcántar, otra buena alternativa para llevarse además alguna botella como souvenir.

De vuelta al centro, nada mejor que adentrarse por las calles que rodean el Adarve al atardecer, cuando la luz dorada se posa sobre la piedra y resalta los contornos del paisaje. La transición entre el día y la noche convierte este paseo en un momento especialmente fotogénico: sombras alargadas, colores suaves y un silencio apenas roto por el eco de alguna conversación. Es un escenario perfecto para despedir el día desde la altura.

Cena: creatividad a la andaluza

Una buena parada, si quieres salir de los clásicos, en el centro de Priego es el Gastrobar Zyrah, una propuesta que ha hecho de la mezcla andalusí su razón de ser, también con emplatados un poco más originales, y con un ambiente también más moderno.

Wok de presa ibérica con verduritas, huevo y noodles. ©Gastrobar Zyrah.

La pastela árabe con hummus es uno de sus clásicos, así como las tortillitas de rabo de toro. Tienen también buenas croquetas, hamburguesas y algunos infalibles cordobeses como los flamenquines y las berenjenas fritas, así que puedes tocar lo mejor de ambos mundos en el mismo restaurante.

También, en Priego, hay bastantes opciones para picar algo en una barra. Un poco de jamón, algunos guisillos, queso y raciones como en La Jamoteca De Morales o el Bar Reyes, un negocio familiar sin pretensiones, pero con magníficas pavías de bacalao, buenas croquetas, pipirrana y una muy buena carrillera guisada. 

Imágenes | Turismo de Priego de Córdoba / Spain.info / Amy Sparwasser en iStock / eyewave en iStock

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