Distinto a la clásica porra, el tejeringo es una obra de arte crujiente y jugosa, perfecta para los fines de semana (o para cualquier día)
El mundo del churro español es un territorio variado, complejo y que, por mucho que haya extranjeros convirtiéndolo en postre, lo cierto es que es un desayuno de libro y, en ciertos momentos, una merienda óptima.
Aunque reconozco que soy más de churros para desayunar, no escatimo nunca alguna merienda churrera. Sin embargo, si estoy en Málaga, hay una fórmula que nunca falla para desayunar cerca del Mercado de Atarazanas: los churros de la Churrería La Malagueña.
Bueno, mejor dicho, los tejeringos. De hecho, la tradición malagueña del churro es una de las más curiosas de España. Por eso, el tejeringo no es oficialmente un churro tal y como se conoce en el centro de España, sino que sería más bien una porra –si se entiende al modo madrileño–, aunque no tiene el mismo perfil estriado.
Sí es como una porra en cuanto a los ingredientes: harina de fuerza, harina común, sal y bicarbonato. Y, en La Malagueña, los bordan. Jugosos, crujientes y nada aceitosos; todo un lujo que borda la misma familia desde hace más de dos décadas y que se ha convertido en un referente en el centro de Málaga.
Y, si hace frío, dejaros caer en la tentación del chocolate a la taza, que también lo bordan.
Imágenes | La Malagueña
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