A los pies de un embalse, este pueblo de Cádiz presume de castillo, de jardín… Y de campeonato de tirachinas

Una de las familias nobles más importantes de Castilla dejó una gran impronta en esta localidad gaditana

Jaime de las Heras

Editor Senior

Hay un prejuicio muy extendido sobre Andalucía: que es una tierra seca, castigada por el sol, donde el agua escasea y el paisaje se tueste en verano hasta quedar color ocre. Quien visite Sevilla en agosto o cruce algunas llanuras del interior quizá le dé la razón a ese tópico. Pero hay provincias que se resisten a ese estereotipo con una obstinación casi cómica

Cádiz es una de ellas. Entre sierras y valles, el agua brota por todas partes, salpica arroyos, forma lagunas y alimenta embalses que convierten ciertos rincones en algo que, más que andaluz, parece nórdico. Uno de esos rincones es Bornos, una localidad del interior gaditano que tiene en su embalse —el más grande de la provincia— una carta de presentación tan inesperada como irresistible.

Antes de llegar a Bornos, conviene situar el viaje en su contexto geográfico. La comarca de la Sierra de Cádiz ofrece una ruta natural de pueblos blancos que une localidades como Arcos de la Frontera, Olvera, Zahara de la Sierra y Setenil de las Bodegas, entre otros. 

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Quienes prefieran combinar naturaleza y patrimonio pueden recorrer la Vía Verde de la Sierra, un antiguo trazado ferroviario reconvertido en sendero, que atraviesa túneles, viaductos y bosques de pinos. Los más aventureros pueden también acercarse a la Sierra de Grazalema, declarada Reserva de la Biosfera, donde la precipitación anual es una de las más altas de España. 

Vistas de la sierra desde el embalse de Bornos. ©Turismo de Cádiz.

Bornos, sin embargo, ocupa un espacio propio dentro de este mapa: es el pueblo que tiene el agua al lado y que a menudo queda en segundo plano frente a sus vecinos más mediáticos.

Bornos se asienta sobre un cerro de la comarca de la Campiña Gaditana, en la orilla del embalse que lleva su mismo nombre, formado por las aguas del río Guadalete. El municipio tiene algo más de siete mil habitantes y sus orígenes se remontan a época romana —entonces se llamaba Vorob o Borob—, aunque fue durante el periodo islámico cuando adquirió la fisonomía de pueblo amurallado que aún se adivina en su trazado. 

Tras la Reconquista, en el siglo XV, la localidad pasó a manos de una de las familias nobiliarias más poderosas de Castilla: los Ribera.

Ayuntamiento de Bornos. ©Spain.info

Y aquí es donde Bornos se pone verdaderamente interesante. Los Ribera no eran unos señores cualquiera. Fueron adelantados mayores de Andalucía, ostentaron el marquesado de Tarifa y dejaron su huella en algunos de los edificios más elegantes de Sevilla, incluyendo la famosa Casa de Pilatos. 

Acceso al jardín de los Ribera. ©Turismo de Cádiz.

En Bornos mandaron construir —o reformar sobre una fortaleza preexistente— el Castillo-Palacio de los Ribera, un conjunto arquitectónico que funde lo militar con lo renacentista de una manera que todavía sorprende a quien se acerca sin expectativas. 

Patio de armas del Palacio de los Ribera. ©Turismo de Bornos.

El edificio presenta una fachada austera heredada de su pasado defensivo, pero en su interior esconde un patio de estilo italiano, con arquerías y proporciones que recuerdan más a los palacios florentinos que a un castillo andaluz. El conjunto fue construido principalmente en el siglo XVI y en él vivieron varios miembros de la familia hasta que, con el paso del tiempo y los avatares históricos, acabó en manos municipales.

Junto al castillo-palacio se extiende el jardín histórico, otro de los activos del pueblo que merece más atención de la que suele recibir. Se trata de un jardín renacentista que ha sido restaurado con mimo y que conserva estanques, fuentes y una vegetación que en primavera alcanza un nivel de estridencia cromática digno de postal. La combinación de la arquitectura señorial con ese espacio verde, todo ello asomado al embalse, convierte al conjunto en un mirador de una belleza poco habitual para una localidad de tamaño mediano.

Jardín de los Ribera. ©Turismo de Cádiz.

El embalse en sí, por supuesto, merece una mención aparte. Con una superficie que en épocas de llenado puede superar los mil hectáreas, ofrece posibilidades para practicar deportes náuticos, senderismo por sus orillas y observación de aves, ya que sus aguas atraen a numerosas especies acuáticas, especialmente en invierno.

Y luego está lo que puede parecer una excentricidad, pero que en realidad dice mucho de la personalidad del pueblo: Bornos organiza cada año un campeonato de tirachinas que reúne a competidores de varias partes de España y del extranjero. 

La prueba, que premia la precisión en el lanzamiento, ha convertido al pueblo en una referencia inesperada dentro de los circuitos de este deporte —sí, existe un deporte del tirachinas— y añade a la visita una dimensión que combina nostalgia de infancia, habilidad artesana y un sentido del humor que Bornos practica sin querer. No todos los pueblos con castillo renacentista pueden presumir también de ser sede de un campeonato así.

Imágenes | Cádiz Turismo / Spain.info / Turismo de Bornos

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