Fascinante en la Llanada alavesa, Salvatierra es uno de los pueblos más reconocibles de la provincia
El País Vasco no siempre aparece en el imaginario colectivo como un destino de pueblos de interior fascinantes. Se le asocia antes con la costa, con el pintxo, con Bilbao o con San Sebastián, y en esa reducción se pierde buena parte de lo que tiene para ofrecer. Álava, la provincia interior de las tres, es quizás la gran olvidada del turismo vasco, y también la que acumula más sorpresas para quien se acerca sin demasiadas expectativas previas.
Salvatierra, Agurain en euskera, se encuentra en la Llanada Alavesa, una planicie rodeada de montaña que da paso a la meseta castellana y que tiene en los hayedos uno de sus grandes atractivos naturales.
La localidad no es un pueblo cualquiera que conserva cuatro piedras medievales y un escudo en la fachada del ayuntamiento. Es un caso notable de preservación histórica, un lugar donde caminar por el casco antiguo equivale a recorrer casi mil años de historia sin necesidad de carteles explicativos ni reconstrucciones digitales.
Antes de que existiera Salvatierra tal como la conocemos, el lugar ya se llamaba Hagurain, y los dólmenes que rodean la zona, como el de Sorginetxe o el de Aitzkomendi, revelan que este enclave estratégico a la entrada de la Llanada Alavesa llevaba habitado mucho antes de que llegara ningún rey castellano. La historia se acumula aquí en capas: primero la prehistoria, luego Roma, después la Alta Edad Media, y finalmente la fundación formal de la villa.
En el año 1256, Alfonso X reconquistó Salvatierra al reino de Navarra y le otorgó un fuero y un mercado que desde hace más de seiscientos cincuenta años se celebra bajo las olbeas, esos singulares soportales construidos específicamente para acoger el comercio de la villa. La imagen que dejó ese período es la que aún define la fisonomía del pueblo.
Qué ver en Salvatierra, Álava
La muralla que protegía la villa tenía casi dos kilómetros de longitud, contaba con siete puertas de entrada de las que hoy solo se conserva una, y varios torreones que permanecen prácticamente intactos. Es una de las defensas medievales mejor conservadas de todo el norte peninsular, y pasear junto a ella tiene ese efecto peculiar que producen las cosas viejas y sólidas: la sensación de que el tiempo es, en realidad, una dimensión bastante relativa.
El interior de la villa amurallada alberga las iglesias góticas de San Juan y Santa María y la ermita románica de San Martín, único vestigio de la primitiva aldea de Hagurahin, además de palacios renacentistas y barrocos y una antigua judería.
Un incendio devastador en 1564 arrasó la mayoría de los edificios medievales de madera, pero aun así se mantiene la estructura de típica villa camino con tres calles paralelas, y más de cincuenta escudos blasonados en las fachadas de las casas señoriales recuerdan a las familias que hicieron grande a Salvatierra.
Las tres calles principales, Zapatari, Carnicería y Mayor, discurren paralelas entre sí y concentran lo más relevante del patrimonio civil, mientras que en los extremos de la calle Mayor, unidas por la muralla, se alzan las dos iglesias fortaleza con sus característicos pasos de ronda.
En los alrededores, además, existen rutas de peregrinación, entre ellas el Camino de Santiago y la antigua calzada romana entre Burdeos y Astorga. El entorno natural acompaña a la perfección: los hayedos de la sierra de Entzia, a pocos kilómetros, ofrecen rutas de senderismo accesibles y un paisaje que cambia de forma dramática con cada estación. En otoño, la explosión cromática convierte estos bosques en algo difícilmente descriptible. En primavera, la hierba de la Llanada Alavesa adquiere ese verde casi imposible que solo se da en el norte.
Salvatierra no es un destino que presuma de grandes infraestructuras turísticas. No tiene un museo espectacular ni una atracción de diseño firmada por un arquitecto de fama internacional. Tiene algo más escaso: autenticidad. Y una muralla que lleva en pie ocho siglos contando su propia historia a quien se toma la molestia de escucharla.
Imágenes | Visit Lautada / Turismo Euskadi
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