
Dimes y diretes entre los gerifaltes del siglo XIII supusieron dividir la localidad en dos… y ahora presume de ello
¿Qué sentido tiene que un pueblo se llame en plural, en vez de en singular? ¿Es un capricho o una veleidad histórica? En Los Hinojosos, en la provincia de Cuenca, en el corazón de Castilla-La Mancha, no se trata ni de un capricho ni de una veleidad, se trata de un detalle de su historia.
A apenas 13 kilómetros de Mota del Cuervo, Los Hinojosos presume, a pesar de su pequeño tamaño y de su relativamente escasa población –unos 700 vecinos– de tener dos iglesias parroquiales de mucha prestancia que delatan de manera curiosa el porqué del nombre en plural.
Para ello nos tenemos que remontar a la época posterior a la Reconquista, cuando los distintos reyes ofrecían a nobles y ordenes religiosas territorios a cambio de prebendas. Precisamente lo que sucedió en aquella época, a comienzos del siglo XIII cuando se marcaron las limitaciones entre el concejo de Alarcón y el priorato de Uclés.
La linde se marcó en el, por entonces, El Hinojoso, siendo un pozo de uso comunal lo que separase la parte eclesiástica –la del priorato– de la parte nobiliaria, Alarcón, que pertenecía al Señorío de Villena.
De ahí que la división crease dos 'Hinojosos': Hinojoso de la Orden, custodiado por la orden de Santiago y que regía Uclés, e Hinojoso del Marquesado, que correspondía a los Marqueses de Villena.
Así pasó, dividido en dos mitades, el municipio durante siglos hasta que se unificó de nuevo, bajo Los Hinojosos, en el siglo XIX, pero antes, claro, ambos términos debían tener sus propias características.
El pueblo de las dos iglesias, dividido por clero y nobleza
Razón por la que hoy encontramos en él dos enormes e imponentes iglesias, separadas por apenas 100 metros, que hacen de Los Hinojosos una bendita rareza arquitectónica y cultural en el corazón de Castilla-La Mancha.
Por un lado, la Iglesia de San Bartolomé, de primera factura románica pero que se iría enriqueciendo con detalles góticos, platerescos y barrocos, dominada por una torre campanario monumental que contrasta vivamente con el ábside medieval y que estaba en la parte 'del marquesado' de la localidad.
Por el otro, la Iglesia de San Bernabé, establecida en el territorio de la Orden de Santiago, y que está impregnada de un carácter marcadamente renacentista, tras levantarse en el siglo XVI, cuajada en su exterior de escudos y cruces de Santiago, demostración de poder y mando en un territorio en disputa.
Enoturismo a 900 metros de altitud
Ahora, por suerte, se pueden visitar ambas y sorprenderse con un pueblo que cumple a la perfección con la estampa manchega, incluyendo un solitario molino de viento a las afueras y una sorprendente bodega, Finca Antigua, que presume de más de 400 hectáreas de viña y que tras su fundación en 2003 ha puesto en el mapa enológico nacional a la localidad.
Gestionada por la familia Martínez-Bujanda, conocidos vitivinicultores en Rioja –Finca Valpiedra– y en Rueda –Finca Montepedroso–, Finca Antigua se extiende por una planicie manchega cuajada de monte bajo de más de 1.000 hectáreas a 900 metros de altitud, presumiendo de viñedos de altura en un territorio donde la vid se engarza entre encinas y carrascas.
Con el enoturismo por bandera, la bodega ofrece diversos planes para el viajero, desde inmersiones en el viñedo a catas maridadas y a, incluso, un plan 'a la antigua' como es La Rebusca, permitiendo al visitante adentrarse en una tradición antiquísima que consistía en, tras la vendimia, ir a las viñas a buscar los racimos que no se hubieran cosechado.
En el pasado, esta segunda batida se hacía con la intención de maximizar la producción, por si se hubieran quedado uvas sin cosechar, aunque ahora se hace de una manera más lúdica y etnográfica con la que sorprenderse –aún más si cabe– en Los Hinojosos.
Imágenes | Wikipedia / Finca Antigua / Turismo Castilla-La Mancha
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