En la orilla del Náutico, un oasis en Madrid

Hay direcciones que son un auténtico tesoro; lugares donde siempre quieres volver y que quedan en tu recuerdo con un regusto grato. Una de las que guardo con mimo en mi tarjetero es la de este singular restaurante madrileño, En la Orilla del Náutico, al que todos los años cuando llega el calor, no puedo evitar volver, sabiendo que allí voy a pasar un rato agradable en un entrono privilegiado, disfrutando de una buena cocina que se mantiene año tras año.

Al llegar y ver el pequeño pabellón te preguntas si te has equivocado de lugar, ya que lo que se divisa es apenas un recinto con aspecto de chiringuito, pero una vez dentro la cosa cambia. Poco necesita este espacio para resultar agradable. Las lonas que cubren parte del techo dan calidez al ambiente, y el frente que se abre de lado a lado frente al Pantano de los Arroyos, es una delicia para los sentidos.

La sala está distribuida de manera generosa. El espacio central se encuentra libre de mesas, haciendo cómodos y amables tanto el tránsito como estancia. Para combatir los rigores del verano han prescindido del aire acondicionado, sustituyéndolo por un interesante sistema de nebulización de agua que periódicamente se dispersa desde el techo refrescando sin mojar.

La carta es interesante y se renueva cada cierto tiempo. Se divide en entrantes, arroces y postres, aunque también encontramos una escueta opción de carne o pescado para quienes no deseen comer arroz. Una tarjeta con sugerencias completa la oferta.

Nosotros fuimos con unos amigos y sus hijas pequeñas, en total ocho almas, y pedimos dos ensaladas y una tempura para compartir de primer plato, y dos arroces diferentes para degustar de segundo. El servicio es amable, correcto, sin artificios, y dispuesto a colaborar y aconsejar a la hora de hacer la comanda.

Nada más llegar, junto con las bebidas llega un apetecible aperitivo, tan vistoso como rico. En esta ocasión, un chupito de gazpacho y un dip de berenjena. La cerveza sale muy fría en unos vasos largos y de gran capacidad. Empezamos bien la comida...

La ensalada de canónigos, mango, naranja, mozzarella y almendra estaba muy buena, y la ración era abundante. Lo mismo se puede decir de la tempura de verduras, frita en grandes trozos y servida en una pirámide, que entraba por los ojos antes de hacerlo por la boca.

De segundo pedimos arroz con verduras de cultivo ecológico y arroz negro, cuatro raciones de cada uno para poder degustar ambos. Estaban exquisitos, en su punto, nada que objetar en este sentido. No así en los precios, que en mi opinión, al menos en cuanto a los entrantes se refiere, son altos. Bien es verdad que la cocina está bien desarrollada y las raciones son generosas, pero creo que los 18 euros de la ensalada o los 21 de la tempura son algo excesivos.

La carta de postres es corta y muy sugerente. Apenas cuatro opciones poco habituales, como la sopita de chocolate blanco o el coulant de chocolate de belga con sorbete de mandarina, bien realizados y de raciones generosas.

Se agradece el habitual cambio de carta que realizan cada cierto tiempo y que afecta a los entrantes y sugerencias. Los arroces varían menos, manteniendo las recetas clásicas, detalle que personalmente agradezco, sobre todo al poder encontrar año tras año el exquisito arroz negro en la carta, mi plato favorito de En la orilla del Náutico.

El precio medio, compartiendo entrantes y postres, y siendo más generosos con los segundos, amén de dos botellas de vino blanco Olvena Somontano (14 euros cada una), se nos puso en 45 euros por adulto.

Tras la comida, un paseo por la zona resulta interesante, así como observar el embalse desde el embarcadero aledaño, una visión que relaja los sentidos.

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En la orilla del Náutico, un oasis en Madrid

Restaurante de cocina mediterranea y creativa Especialidad en arroces Carretera M-505 desvío km. 22 Urbanización Los Arroyos El Escorial- Madrid. 91 853 40 50

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