En este pueblo de Palencia está una de las iglesias más famosas de España, pero también es ideal para ver el eclipse y comer lechazo

Fromista Palencia

Frómista es un punto y seguido en muchos libros de Historia del Arte como uno de los hitos del arte románico

Jaime de las Heras

Editor Senior

La iglesia de San Martín de Tours en la localidad palentina de Frómista ha alcanzado tanta fama como una de las cumbres del románico castellano que, a menudo, directamente ha fagocitado al 'santo'.

No en vano, son muchas las personas que, directamente, apuestan por denominarla como iglesia de San Martín de Frómista, eludiendo al pobre Martín de Tours, al que pertenece una advocación que vemos a menudo en la geografía española. No obstante, otras localidades como la madrileña San Martín de Valdeiglesias deben también su nombre –y su parroquia original– al mismo santo galo.

Pero en Frómista la cosa cambia. Considerada un arquetipo del románico europeo, la iglesia de San Martín se comenzó a erigir a finales del siglo XI. Coincidente con el primer boom del Camino de Santiago, del que forma parte, la construcción desvela elementos habituales de su estilo como su poca altura.

No obstante, contrasta vivamente con el orgulloso cimborrio octogonal del crucero y las dos torres de la fachada principal, que dotan de majestuosidad a un conjunto que, como representante del románico, hace de sus pocos vanos exteriores –apenas hay ventanales– otro de sus elementos más característicos.

Iglesia de San Martín de Frómista.

Sin embargo, el exterior dista mucho de ser parco. La fachada, con ciertas cornisas, multiplica adornos en forma de drapeado con diferentes alturas y en sus puertas y aleros se multiplican detalles de canecillos con todo tipo de simbología, desde animal a humana y mitológica.

Ábside de la iglesia, donde se aprecian los numerosos canecillos.

El interior, marcado por esa oscuridad, nos adentra en una planta basilical clásica, dotada de enormes columnas, cuyos capiteles están profusamente tallados, símbolo de la importancia que tuvo esta iglesia en su época al punto de haber convertido Frómista en un imprescindible para cualquier amante del arte románico.

Andoni Sánchez y su madre Ana Dublín, del asador Villa de Frómista.

En Frómista, más allá de lo divino, toca hacer fonda para descubrir uno de los restaurantes más prometedores de Palencia: Villa de Frómista. Bajo la actual batuta del chef Andoni Sánchez, ahora al mando del restaurante familiar, el establecimiento brilla desde el clasicismo y con ciertos toques de innovación, yendo más allá del asador clásico que siempre fue –y del que no se reniega–.

Lechazo de Villa de Frómista.

Saltarse la paletilla de lechazo asado puede ser casi una afrenta, pero no menos es esquivar la sopa castellana o la morcilla de Palencia al horno. A ello hay que sumar los toques que Sánchez da, por ejemplo, con el buen trabajo con la caza como sucede con el pichón de Tierra de Campos, su manejo con los pescados del día o las sensaciones albóndigas de ciervo, representantes de esa cultura del aprovechamiento castellano.

Alubias con perdiz del asador Villa de Frómista.

Aquí, en esa misma Tierra de Campos que abriga Frómista, las oportunidades para encontrar paisajes despejados de cara al eclipse solar del 12 de agosto son infinitas, convirtiendo un territorio llano y claro en la panorámica más deseada del verano. Razones para venir, como veis, no faltan.

Imágenes | Spain.info / Villa de Frómista / Turismo de Castilla y León

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