El Gaudí extremeño: un marmolista autodidacta que ha construido en un pueblo de Badajoz su propia 'Casa Batlló'

Gaudi Extremadura

Francisco González Gragera empezó a construir este edificio en 1988, siendo ahora construido por sus herederos

Jaime de las Heras

Editor Senior

Es posible que nunca hayas oído el nombre de Francisco González Gragera. Tampoco, incluso, que le conozcas por Cotrina, su mote, pero es autor de uno de los monumentos más curiosos y celebrados de la localidad Los Santos de Maimona, en el sur de la provincia de Badajoz, y que le ha valido en ocasiones el sobrenombre de El Gaudí extremeño.

Sin embargo, Cotrina no era arquitecto; tampoco estudió nunca una formación superior. Y, con todo y con eso, este obrero y marmolista pacense se ha ganado un apodo a costa de la particular El Capricho de Cotrina, su obra cumbre y que congrega a decenas de curiosos a las afueras de Los Santos de Maimona, donde muchos visitantes encuentran paralelismos a algunas de las obras cumbres de Antoni Gaudí como la Casa Batlló o el Parque Güell.

Todo, curiosamente, sin haber visto en persona la obra de Gaudí. Según Cotrina, que falleció en el año 2016 a los 90 años, nunca había tenido constancia del trabajo de Gaudí y no fue hasta el año 2000 cuando lo descubrió en primera plana.

Para aquel entonces, ya llevaba más de 12 años de diseño de El Capricho de Cotrina, la casa que erigió en honor a su hija Yolanda tras que esta le pidiera una casa de cuento de hadas.

Sería en ese 1988 cuando todo empezó. Los cimientos, los muros de carga y los forjados, para ya a partir de 1996 empezar con la cúpula del baño, dedicando al principio sus ratos libres y, ya jubilado, dedicándose en su totalidad.

Almenas, torres, mosaicos de colores y formas naturales, generalmente curvas, se multiplican en El Capricho de Cotrina, al punto de que numerosos ejemplos, incluyendo un dragón decorativo y el abundante uso de teselas de colores, muy similares en apariencia a las que se multiplican en la obra de Gaudí, brillan en El Capricho de Cotrina.

Lo irónico de la construcción, más allá del parecido no pretendido según Cotrina, está en que numerosos académicos y estudiosos se han acercado a ella. Algunos, incluso, dedicando piezas de investigación a lo que algunos han denominado como escultecturas margivagantes, un neologismo donde escultura, arquitectura y marginalidad geográfica se dan la mano.

Inacabada, como sucede con otras obras cumbres de una sola persona, El Capricho de Cotrina está pendiente de ser rematado por Roberto –hijo del autor–, donde el mantenimiento y construcción de nuevos elementos dependen exclusivamente de donaciones. Y todo en Los Santos de Maimona.

Imágenes | El Capricho de Cotrina

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