Aquí, además, aparece algo rarísimo: el único cementerio de época musulmana cerrado por una tapia en Andalucía occidental
Cuando alguien menciona la palabra Sanlúcar, la mente viaja casi de forma automática a Sanlúcar de Barrameda. Y tiene sentido. Esa ciudad gaditana lleva décadas construyendo una reputación envidiable: la manzanilla más fina de Andalucía, el flamenco que nace desde las entrañas, los atardeceres sobre el Atlántico, los langostinos de temporada y, cómo no, las legendarias carreras de caballos por la orilla del mar. Sin embargo, Andalucía guarda otro Sanlúcar en la recámara. Uno que muchos viajeros no tienen en el radar, pero que merece estar en él.
Hablamos de Sanlúcar la Mayor, un municipio sevillano situado en pleno Aljarafe, a apenas 30 kilómetros de la capital. Es un destino que combina gastronomía, turismo arquitectónico y naturaleza activa sin necesidad de recorrer grandes distancias. Para quien quiera escapar de Sevilla sin irse demasiado lejos, esta localidad ofrece una jornada redonda o incluso un fin de semana con sustancia.
El Aljarafe es una comarca que se presta bien a este tipo de viajes de proximidad. Desde Sevilla capital, el viajero puede articular rutas que combinen varios pueblos de la zona: Castilleja de la Cuesta, Olivares, Salteras o Umbrete, cada uno con su propia historia.
También es posible cruzar la frontera hacia Huelva, siguiendo la A-49, y descubrir localidades como Niebla o Palos de la Frontera, ligadas al descubrimiento de América. Sanlúcar la Mayor encaja perfectamente como punto de partida o de llegada de cualquiera de estos recorridos.
Qué hacer en Sanlúcar la Mayor
La historia de Sanlúcar la Mayor es larga y densa. Sus orígenes se remontan a la Edad del Bronce, hacia el año 1500 a.C., cuando en la zona ya existía un asentamiento y una necrópolis. Más adelante surgió una ciudad turdetana llamada Arae-Hesperi, que los romanos arrasaron para reconstruirla con el nombre de Lucus Solis, es decir, "lugar del sol", de donde probablemente deriva el topónimo actual.
Fueron los musulmanes quienes le dieron verdadero impulso. A finales del siglo XII, los almohades construyeron una cerca urbana y un castillo conocido como Hins Shaluqa, dotando a la ciudad de 46 torres defensivas.
En 1251 fue conquistada por las tropas cristianas comandadas por Fernán Gutiérrez, pasando a formar parte de la jurisdicción de Sevilla. En 1623, el conde de Olivares compró el señorío de la villa, obteniendo el título de Duque de Sanlúcar la Mayor. Y en 1639, el rey Felipe IV le concedió el título de Ciudad.
Todo ese peso histórico se traduce hoy en un centro histórico declarado Bien de Interés Cultural, que forma parte además de la Ruta Al-Mutamid, itinerario que conecta el legado andalusí desde Sevilla hasta Portugal.
El monumento más llamativo de la localidad es el conjunto de San Pedro. La iglesia homónima, de estilo gótico-mudéjar y construida en el siglo XIV, fue declarada Monumento Nacional en 1931.
Junto a ella se conservan lienzos de la antigua muralla almohade y una torre exenta que fue el alminar de la primitiva mezquita. Subir a esa torre permite contemplar una panorámica del Aljarafe que justifica por sí sola la visita.
Además, el antiguo cementerio de San Pedro es un ejemplo único en Andalucía occidental, ya que es el único cementerio de época musulmana cerrado por una tapia, algo inusual en la tradición islámica.
La iglesia de Santa María es la más importante de las tres que existen en el municipio. En la de San Eustaquio, la tradición oral conserva la leyenda de la Virgen de Fuentes Claras, que conviene preguntar en el lugar para escucharla con la entonación adecuada.
Y entre las piezas escultóricas, el San Miguel Arcángel atribuido al escultor Lorenzo Mercadante de Bretaña ha sido autenticado por el Museo del Louvre y datado entre los años 1422 y 1460, lo que lo convierte en una escultura de relevancia europea.
La visita no termina en el casco urbano. Los amantes de la naturaleza cuentan con el Corredor Verde del Guadiamar, un pasillo ecológico de 2.706 hectáreas y 40 kilómetros de longitud a lo largo del tramo medio del río Guadiamar, que conecta el Parque Nacional de Doñana con Sierra Morena y encierra ecosistemas de monte mediterráneo, marismas fluviales y ribera.
Este espacio se puede recorrer a pie, en bicicleta o incluso a caballo, según el ritmo que apetezca. Y para cerrar el día, la gastronomía local tiene mucho que decir: las cabrillas con jamón, las sopas de tomate, la caldereta estilo Sanlúcar y la poleá de postre son platos que hablan con acento de huerta y de tradición.
Sanlúcar la Mayor no necesita competir con su homónima gaditana. Juega en otra liga, más tranquila y menos masificada, donde el patrimonio y la naturaleza conviven sin estridencias. A veces, los mejores destinos son los que esperan sin hacer demasiado ruido.
Imágenes | Turismo de Sanlúcar la Mayor
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