Cada primer domingo de enero se celebra esta particular mascarada en el Valle de Iguña
A menudo, cuando pensamos en disfrazarse en España, nuestra mente va directamente al carnaval, con sus calles llenas de color, música y comparsas en ciudades como Cádiz, Santa Cruz de Tenerife o Sitges. Sin embargo, en muchas localidades de la península ibérica existen celebraciones ajenas al carnaval oficial en las que el disfraz forma parte de tradiciones ancestrales muy anteriores a esas fiestas y con significados profundamente ligados a la historia y al ciclo de las estaciones.
En pueblos de León como Antruejo, en Zamora o en regiones como Asturias, con sus Zarramacos de Cangas de Onís, la gente sale a la calle con atuendos tradicionales que simbolizan desde la llegada de la primavera hasta el paso del invierno.
Estas celebraciones no son meras fiestas temáticas, sino rituales culturales con siglos de existencia y, en muchos casos, significados simbólicos ligados al inicio de ciclos naturales, la purificación del año o la convivencia comunitaria. Precisamente una de estas celebraciones, La Vijanera, tiene lugar cada año en Silió, en Cantabria, y se ha convertido en una de las tradiciones más singulares y llamativas de la región.
Silió es un pequeño pueblo en el municipio de Molledo, dentro del Valle de Iguña, en la comunidad autónoma de Cantabria, en el norte de España. Se sitúa rodeado de colinas verdes, ríos y valles que caracterizan el paisaje rural de esta parte del país, a unos treinta y cinco kilómetros aproximadamente de la ciudad de Santander. Este entorno natural sirve como telón de fondo para una de las fiestas más antiguas y vistosas de la región: La Vijanera.
La Vijanera se celebra siempre el primer domingo de enero, aunque si esta fecha coincide con el 1 de enero se traslada al domingo siguiente. Esta costumbre sitúa la fiesta en torno al inicio del año y convierte a Silió en el escenario de un ritual ancestral de bienvenida a los nuevos ciclos y de despedida del año que termina. La Vijanera está declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional y desde 2021 también es considerada Bien de Interés Cultural etnográfico inmaterial, lo que subraya su valor como patrimonio vivo.
Contrario a lo que pudiera pensarse, La Vijanera no es un carnaval tardío, ni una simple fiesta de disfraces. Es una mascarada de invierno vinculada a tradiciones precristianas y ritos asociados al solsticio y al paso de ciclos.
Sus orígenes son inciertos y probablemente muy antiguos, con raíces que algunos estudiosos relacionan con las celebraciones de las Kalendae Ianuarii, antiguas fiestas romanas en honor al dios Jano, protector de los comienzos y los finales, de donde posiblemente proviene el nombre de Vijanera. Estas celebraciones de transición, que marcaban el cambio de ciclo estacional en épocas prerromanas y romanas, siguen presentes hoy en día en el ritual de Silió.
La fiesta reúne a más de 150 participantes, todos ellos hombres, que encarnan más de 80 personajes diferentes con trajes muy diversos y ricos en simbolismo. Entre ellos destacan los zarramacos (también llamados zamarrones), personajes vestidos con pieles de oveja y con cencerros atados al cuerpo cuyo ruido ensordecedor simboliza la expulsión de los malos espíritus y la purificación del pueblo para el año venidero. Estos personajes caminan y saltan por las calles generando sonidos que representan la fuerza de la naturaleza y la energía renovadora en este momento del año.
Junto a ellos, otros personajes como los viejos, La Pepa, el Zorrocloco, el oso, los trapajones o figuras humanas y fantásticas desfilan por las calles en una comitiva que mezcla teatro, simbolismo y fiesta. Esta representación combina elementos de la naturaleza, figuras humanas y seres míticos que evocan la dualidad entre el bien y el mal, la fuerza de lo salvaje frente al orden social, y son parte esencial del relato festivo en el que se da la bienvenida al nuevo año y se deja atrás lo viejo y lo negativo.
La jornada de La Vijanera está llena de actos tradicionales, desde la salida temprano por la mañana, cuando los más jóvenes comienzan tocando campanas para anunciar la fiesta, hasta otros momentos como la captura del oso, la defensa de la raya —límite simbólico del pueblo— y las coplas que narran en versos populares los eventos del año anterior. Estas coplas, a veces satíricas o humorísticas, son una parte social y comunitaria de la celebración, ya que repasan lo ocurrido en los meses anteriores tanto a nivel local como internacional.
Hoy en día, La Vijanera atrae cada año a visitantes de toda Cantabria, de otras partes de España y del extranjero que desean presenciar esta tradición que mantiene viva una conexión con el pasado rural y pagano de la región. La fiesta ha impulsado el turismo rural en enero, un mes en el que muchas zonas rurales suelen estar tranquilas tras las fiestas navideñas. Silió se convierte en un punto de encuentro cultural donde los visitantes pueden no solo ver los trajes y los colores, sino también sentir la energía colectiva de una comunidad que celebra su historia, su cultura y su forma particular de iniciar un nuevo ciclo.
Imágenes | La Vijanera
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