Pocas localidades condensan tantos encantos en tan poco espacio
No vamos a negar que el creativo al que se le ocurrió el eslogan de Paraíso natural, cuando quiso poner en valor el turismo de Asturias, tenía inspiración de sobra para hacerlo. Aunque, a veces, podríamos pensar que incluso se quedó corto cuando uno visita el Principado y comprueba todo lo que es capaz de ofrecer este territorio en tan poco espacio.
Eso sucede, precisamente, en una de las villas más emblemáticas del oriente asturiano: Ribadesella. Una localidad capaz de seducir al mismo tiempo con uno de los entornos más importantes de toda la región, con playas maravillosas, vestigios prehistóricos y, además, con uno de los miradores más impactantes de toda Asturias. Y todo ello en una distancia en línea recta de menos de tres kilómetros. No nos extraña, claro, que Ribadesella sea una de las localidades más turísticas de Asturias en relación con su volumen de población.
Aunque insistimos: Ribadesella no es un pueblo oficialmente, sino una villa mecida por el Cantábrico y cruzada por el río Sella, de ahí su nombre. Ribadesella ha sabido combinar su encanto tradicional marinero con una estética indiana y señorial.
Un dos en uno perfecto que, además, invita a ser recorrido a través de un paseo marítimo muy cuidado, amplio y con una longitud que ronda el kilómetro y medio, convertido en un planazo para todos los públicos. En Ribadesella, además, no solo presumen a pie de playa.
Bendecida también por esa ubicación en el estuario del Sella, que se requiebra antes de llegar al mar, la localidad presume de un promontorio que rompe la uniformidad costera: el monte Corberu, con algo más de 100 metros de altitud, que sirve como guardián metafórico de la villa.
En su cima aparece la ermita de Guía, a la que se puede acceder tanto a pie como en coche y desde la cual se domina una panorámica sobrecogedora, especialmente demandada durante la puesta de sol.
Si a eso le sumas que Ribadesella ofrece dos playas de primera, como la de Santa Marina y la de La Atalaya, y que, además, presume de las famosas cuevas de Tito Bustillo, un vestigio prehistórico con algunas de las pinturas rupestres mejor conservadas de Europa —como se aprecia en la Cueva de los Caballos—, tienes el planazo total.
Tanto paseo, claro, agudiza el gusanillo. Por suerte, en Ribadesella también presumen de buen pescado a la brasa, como sucede en el asador La Huertona, donde hacen uno de los mejores virreyes a la parrilla de toda España —aunque bordan todo tipo de pescado— o, más escondido, en el asador Güeyu Mar, otra referencia indispensable para hablar de pescados y mariscos a la parrilla. Casi nada.
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