Pensábamos que bañarse a 28 °C en el Mediterráneo era una maravilla. Pero el calor acumulado en agosto se paga en septiembre

Mar Mediterraneo

La temperatura acumulada en el Mare Nostrum durante el verano puede favorecer la aparición de lluvias torrenciales durante el otoño si se suman otros factores

Jaime de las Heras

Editor Senior

Bañarse en un Mediterráneo a 28 °C puede parecer uno de los pequeños lujos del verano. El agua apenas ofrece contraste con el calor exterior y permite prolongar el baño durante horas. Sin embargo, desde el punto de vista meteorológico, esas temperaturas tienen una lectura bastante menos agradable.

El Mediterráneo funciona como una gigantesca reserva térmica. A diferencia de la tierra, que se calienta y enfría con relativa rapidez, el agua conserva durante mucho más tiempo la energía acumulada. Eso significa que parte del calor de julio y agosto continúa almacenado cuando llega septiembre y las temperaturas atmosféricas comienzan a descender.

Este verano vuelve a mostrar hasta qué punto puede calentarse el mar. En julio de 2026, la temperatura media superficial del Mediterráneo alcanzó los 27 °C, el valor más elevado registrado para ese mes. A comienzos de agosto, una boya próxima a Mallorca llegó incluso a medir 33 °C. Además, alrededor del 80% del Mediterráneo occidental ha atravesado condiciones de ola de calor marina.

El problema no consiste únicamente en que el agua esté caliente. Cuanto mayor es su temperatura, más evaporación puede producirse y mayor cantidad de vapor de agua queda disponible en la atmósfera. De esta manera, el Mediterráneo llega al final del verano cargado de humedad y energía.

Calentando motores para una DANA

Eso no significa que un mar a 28 °C vaya a provocar automáticamente una DANA o una tormenta extrema. Para que se produzcan estos fenómenos deben coincidir otros elementos, como la presencia de aire frío en altura, bajas presiones y una configuración atmosférica favorable a la inestabilidad.

Sin embargo, cuando aparecen esas condiciones, una superficie marina excepcionalmente cálida puede convertirse en combustible adicional. La mayor evaporación aumenta la humedad disponible y el contraste con el aire frío puede favorecer precipitaciones más intensas.

El ciclón Daniel ofrece un ejemplo especialmente dramático. En septiembre de 2023 golpeó Grecia y Libia después de un verano en el que algunas zonas del Mediterráneo habían registrado anomalías térmicas de hasta 5,5 °C. En Zagora, Grecia, se acumularon 759 milímetros de lluvia en 24 horas, mientras que en Al-Bayda, Libia, se superaron los 400 milímetros diarios.

Las posteriores simulaciones científicas estimaron que, eliminando la señal del calentamiento a largo plazo del Mediterráneo, la precipitación acumulada durante Daniel habría sido un 42% inferior en el conjunto del área estudiada. En Libia, la reducción habría alcanzado el 81%. El mar caliente no originó el ciclón, pero sí aportó calor y vapor de agua que contribuyeron a intensificarlo.

El combo de ola de calor y humedad disparada

Otros estudios apuntan en la misma dirección. Entre un 5% y un 25% de los episodios de precipitación extrema registrados en zonas costeras coinciden con una ola de calor marina cercana. Cuando estas son especialmente intensas, las precipitaciones pueden aumentar entre un 20% y un 30%.

El Mediterráneo presenta además una circunstancia particular: suele alcanzar sus máximas temperaturas entre finales de agosto y comienzos de septiembre, precisamente antes de una época tradicionalmente propicia para lluvias torrenciales.

Por eso, las elevadas temperaturas de este verano no permiten afirmar que septiembre vaya a traer necesariamente una DANA destructiva. La atmósfera seguirá teniendo la última palabra. Pero, si aparecen las condiciones adecuadas, las perturbaciones encontrarán debajo un Mediterráneo excepcionalmente caliente y con capacidad para aportar más humedad y energía.

Lo que durante agosto ha permitido disfrutar de baños a temperaturas casi tropicales puede seguir almacenado bajo la superficie varias semanas después. El verano acaba en tierra antes que en el mar.

Imagenes | Виктор Соломоник / Davide Baraldi / Doğan Alpaslan Demir / GEORGE DESIPRIS

En DAP | La DANA valenciana se sentirá en la agricultura durante años: zona catastrófica y daños multimillonarios

En DAP | Durante siglos, marineros de medio mundo se morían de una enfermedad temida por todos: el escorbuto. Todos menos los vascos



Ver todos los comentarios en https://www.directoalpaladar.com

VER Comentarios