Un pueblo blanco para perderse mil veces: el secreto de Cádiz tierra adentro que presume de prehistoria y buenas ventas

Algodonales Cadiz

Algodonales, en el corazón de la provincia, sorprende con su riqueza gastronómica, paisajística e histórica

Jaime de las Heras

Editor Senior

Cuando uno llega a la provincia de Cádiz siempre acaba teniendo la sensación de que le faltarían unas cuantas vidas para conocerla por completo. Parece mágico que, por mucho que creas conocerla, siempre acabe sorprendiéndote una carretera, un rincón, un monte o un pueblo.

Y, sobre todo, que cuanto más te pase, más quieras volver porque no terminas de creer que sea posible. Como amante de una provincia que no es mía, pero que idolatro, me cuesta creer que muchos turistas y viajeros se limiten a conocer la Cádiz marinera.

No tengo nada en contra de ella, claro. Me fascinan sus playas, sus pueblos repartidos casi a pie de playa y sus costumbres, aunque me choca que, a menudo, el interior no se lleve más fama. Mejor, pensarán algunos, creyendo que así no se descubre el secreto.

Sin embargo, hoy tengo que hablar claramente de un secreto: Algodonales. Quedaos con esas 11 letras porque el pueblo tiene un nombre que ni hecho aposta. Casas blancas que se arraciman en torno a la iglesia y coquetean por subir sierra arriba, salpicadas de olivares y encinares, es lo que vas a encontrar al llegar aquí. 

Vista de Algodonales, dominado por la iglesia de Santa Ana. ©Cádiz Turismo.

En las estribaciones de la Sierra de Líjar, una de las vertientes de Sierra Morena, Algodonales presume de ser uno de esos pueblos húmedos de la provincia de Cádiz, bendecidos por la lluvia aunque, a veces, maldecidos.

Aquí lo suyo es pasear sin complicarse y, de vez en cuando, levantar bien la vista. Te puedes topar, por ejemplo, con la iglesia de Santa Ana, un delicioso templo barroco cuyo retablo mayor, en madera que imita a mármoles y jaspes, te sorprende por su vivacidad y realismo. 

Recreación de David contra Goliat, una conmemoración de una batalla de la Guerra de la Independencia, que tuvo lugar en Algodonales. ©Cádiz Turismo.

A partir de ahí, puedes permanecer callejeando por el pueblo o sumergirte en su naturaleza. Son muchas las alternativas de turismo activo que hay en la zona, tanto para senderistas como en bicicleta. En el primer caso, una buena ruta es el Sendero de Los Nacimientos, para acercarse a algunas de las numerosas fuentes que manan de la sierra. 

Otro buen recorrido, también con un nivel de exigencia relativamente elevado, es el que conduce con una ruta circular hasta el Mogote de Lijar, la mayor altura de esta coqueta sierra, y que ronda los 14 kilómetros en total. Si te atreves con él, busca buena comunicación, lleva agua y ve preparado, que Cádiz siempre puede sorprenderte con un cambio de tiempo.

La iglesia de Santa Ana, en la plaza de Algodonales. ©Cádiz Turismo.

En la ecuación de Algodonales, además, puedes llevarte una sorpresa extra con yacimientos neolíticos visitables como la Cueva Santa y la Cueva Chamusquina, que ya demuestran que la zona estaba habitada hace más de 6.000 años, o como queda patente con las pinturas rupestres que aparecen en los Tajos de Algodonales.

Plato de venado guisado de Venta El Cortijo. ©Salva Moreno.

Como remate a tanto movimiento, nada mejor que dejarse caer y comer en algunas de las numerosas ventas que circundan el pueblo. La Venta Salas y la Venta El Cortijo son dos establecimientos que, sin pretensiones, sacian hambre y alma a partes iguales. 

Panorámica del pueblo. ©Cádiz Turismo.

También en las afueras del pueblo y con magníficas vistas desde su terraza, la Venta el Castillejo es otro de esos restaurantes humildes que no dejar de recomendar. Sin embargo, si te quedas intramuros, guarda a buen recaudo dos direcciones: el restaurante Sierra de Líjar, para una comida algo más formal, y el Bar El Canijo para disfrutar de buenas raciones y precios comedidos. 

Imágenes | Cádiz Turismo

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