
Arroz blanco, pollo crujiente y salsa son la base de esta tendencia de comida rápida. By Crousty la extiende por Barcelona y su entorno, con una reciente apertura en el Vallès Occidental
La gran mayoría todavía no ha oído hablar de él, pero el crousty tiene una receta fácil de explicar: arroz blanco, pollo frito crujiente y una salsa cremosa, normalmente agridulce, reunidos en una bandeja, fácil de degustar.
Sin demasiadas ceremonias (y con la oposición de los haters de la comida rápida), esta combinación se ha convertido en un fenómeno de la comida rápida francesa (crousty viene del término crujiente -croustillant- y ya encuentra su espacio en Catalunya.
Una receta con capacidad de convocatoria
La reciente inauguración de By Crousty en Terrassa, con largas colas para aprovechar una promoción a un euro, permite hacerse una idea de su capacidad de convocatoria y popularización.
Según The European Correspondent, parte del atractivo está en la relación entre cantidad y precio. En Francia se sirve en raciones de unos 800 gramos por nueve euros y alcanza su máxima popularidad entre estudiantes y personas con ingresos bajos.
El crecimiento de algunas cadenas ayuda a entender la dimensión del fenómeno. Según este medio, Crousty había abierto sesenta franquicias en apenas dos años y aseguraba vender más de un millón de bandejas al mes. Junto a ella operan otras marcas, como Krousty Sabaïdi, que reivindica la creación del plato.
En Catalunya, la marca By Crousty cuenta con siete establecimientos en Barcelona, en el barrio del Clot, además de Badalona, Santa Coloma de Gramenet, Cornellà de Llobregat y Mataró. A esa red comercial se ha incorporado Terrassa, donde el negocio ha ocupado el antiguo local de la cafetería-sandwichería Las Palmeras, en el barrio de Can Palet.
Salsas variadas
Su versión del plato, 100% halal, lleva arroz blanco, salsa tailandesa o de curry y mango, pollo y un acabado de cebolla frita y perejil. También hay opciones con cordon bleu y preparaciones gratinadas con queso. La base combina texturas distintas: el arroz suave, la cobertura cremosa y el rebozado, que aporta el crujiente al que alude el nombre.
La apertura de Terrassa trasladó esa expectación al número 223 de la calle Menéndez y Pelayo. Según la prensa local, numerosos clientes, especialmente niños y jóvenes, acudieron pese a la lluvia para conseguir un crousty por un euro.
El fenómeno también tiene una dimensión social. Según The European Correspondent, la expansión de los restaurantes de pollo ha provocado controversia en Francia: el intento de un alcalde de impedir una apertura en nombre de la lucha contra la comida basura derivó en acusaciones de desprecio hacia los jóvenes de barrios obreros.
Desde la derecha, el carácter habitualmente halal de estos negocios se utilizó para alimentar un debate identitario, de manera que entre unos y otros una bandeja de arroz y pollo terminó cargando con bastante más que su salsa.
En Terrassa, la expectación estuvo precedida por mensajes en TikTok de @by.crousty, donde la marca animaba a reclamar la promoción de apertura. Las redes sociales y el precio excepcional ayudaron a convertir la inauguración en un acontecimiento que en su eco en redes también fue acompañad de comentarios racistas sobre el origen de los consumidores de este tipo de producto.
Ahora, con el local abierto y las tarifas habituales, el crousty comparte carta con hamburguesas, wraps y otros productos de pollo: su continuidad dependerá de quienes vuelvan cuando ya no cueste un euro.
Fotos | TikTok.com/@by.crousty
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