El restaurante Casa Baizán de Gijón cierra por jubilación, la casa de comidas asturiana más querida del centro de la ciudad

Casa Baizan

La clientela más fiel del emblemático local se ha despedido este lunes del que ha sido un segundo hogar para muchos gijonenses

Liliana Fuchs

Editor

El último lunes de septiembre ha sido también el último día de servicio de Casa Baizán, uno de los locales más emblemáticos de la ciudad de Gijón. No por turístico ni por destacar en guías o redes sociales, sino porque llevaba casi medio siglo convertido en un segundo hogar para muchos vecinos. Una clientela fija que, sabiendo que sus propietarios, Flor y Julio, se jubilaban, acudieron fieles a la cita para la despedida.

El corazón de Caza Baizán es el matrimonio que forman Julio Álvarez Baizán y Flor Ortea, de 76 y 65 años, que a base de humildad, trabajo honesto y simpatía han sabido ganarse el cariño de sus clientes, convertidos muchos ya en amigos. Tras regentar Álvarez un pub en su juventud, el restaurante abrió primero en 1985 en la calle Linares Rivas, hasta su traslado definitivo en 2014 a la calle Corrida, en pleno centro de la ciudad. 

El matrimonio definía su casa como un restaurante con tradición quesera, donde además de contar con un buen surtido de quesos se servían tapas variadas, embutidos, carnes y pescados a la parrilla y todo un repertorio de platos caseros del recetario asturiano tradicional. Fabada, pote, callos, fabes con almejas, cebollas rellenas de bonito, fabes con jabalí y otros guisos de cuchara salían a diario de una cocina liderada por Ortea, sin olvidar al resto del equipo que formaba la pequeña familia en la que se había convertido este chigre.

Tal y como narran en La Nueva España, el último día de servicio fue una jornada muy emotiva en la que no se pudieron evitar las lágrimas entre abrazos, regalos y muestras de cariño. “No creí que la gente pudiese querernos tanto”, confesaba Ortea, emocionada.

Casa Baizán cierra porque sus propietarios necesitan descansar, pues son ya muchos años de un trabajo muy exigente físicamente para el que los años no perdonan. “Somos los hosteleros más viejos que hay en la zona; unos murieron, otros cerraron..., contaba Ortea al periódico local. 

Tras conocerse la noticia de su meditado cierre, el matrimonio explicó que les gustaría traspasar el negocio para que otro restaurante o bar ocupe el vacío que dejan en el barrio, pero, como señalaba Álvarez, el bajo no es de su propiedad. “Calculo que en dos meses, si podemos lo traspasamos, y si no nos vamos, vendemos o lo que sea”.

Imágenes | Casa Baizán

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