Un tranvía en pleno paseo marítimo, playas de ensueño, encanto marinero y las mejores gambas de Mallorca: el pueblo balear que lo tiene todo

Soller Mallorca

No es un desconocido, pero siempre merece la pena recorrer este rincón de la Sierra de Tramuntana

Jaime de las Heras

Editor Senior

Recuerda este nombre y grábalo en tu memoria a fuego: Sóller. Apenas seis letras, una tilde rotunda y un destino que espera en la costa noroeste de la isla de Mallorca, en plena Sierra de Tramuntana, donde se yergue casi como una metrópoli con algo más de 13.000 habitantes, una rareza poblacional en el norte mallorquín, donde sus pueblos vecinos raramente superan los cinco dígitos si hablamos de sus empadronados.

Por eso, Sóller, aunque mantiene alma de pueblo y un carácter marinero donde los haya, quizá sea algo más y, por eso, tiene cierto encanto de capital. Aquí, además, uno no viene solo a darse chapuzones y a tumbarse al sol, dorándose como un camarón, sino también a recorrer su historia, a dejarse atrapar por su encanto histórico, a adentrarse en un pueblecito repleto de piedra y, si uno es amante del buen marisco, probar una de las mejores gambas rojas de España.

No es una forma de hablar. Sóller presume de competir de tú a tú con otras ilustres gambas rojas peninsulares como la de Denia, la de Palamós, la de Garrucha o la de Blanes, con las cuales habla un mismo idioma en esa dulzura yodada que caracteriza a la especie. 

En el restaurante Ses Oliveres, en pleno Port de Sóller, se bordan las gambas rojas, pero también los arroces y los pescados a la brasa, por lo que hay que meter en el navegador una dirección imprescindible.

Biniaraix. ©Sóller.

Sin embargo, no adelantemos acontecimientos y hagamos hambre desde la mañana. Cuando llegues a la plaza de Sóller, date un paseíto –tranquilo, apenas 20 minutos– para viajar en el tiempo: vas a llegar a Biniaraix, una pequeña localidad que presume de piedras calizas y de casas tradicionales, donde el eco de la historia se apaga en una calma de calles empedradas, perfecto para que el silencio reine, sobre todo cuando te asomes a los espectaculares miradores que esperan con la sierra de Tramuntana como telón de fondo.

Playa del Port de Sóller. ©Eli Enriquez - Sóller

De nuevo en Sóller, si tu intención es darte un buen chapuzón, sigue teniendo Google Maps a mano para guardar varias playas. Si quieres un arenal accesible, amplio, muy cómodo para ir con niños, la mejor alternativa es la playa de Port de Sóller, pero no está sola.

El tranvía de Sóller, que conecta el puerto con la parte antigua. ©Sóller.

Tiene hermanas algo más magnéticas como Cala Tuent, apartada y circundada de montañas y pinos, donde la tranquilidad en los días de diario –no veraniegos– parece inundar todo mientras el Mediterráneo vibra en azules que piden a gritos convertirse en postal. Mucho más lejos, ya con coche necesariamente, la playa de Llucalcari espera en este encantador pueblo, a medio camino entre Deià y Sóller, cuya visita merece mucho la pena.

Paseo marítimo de Sóller, con las terrazas. ©Illes Balears.

A tu regreso, no dejes pasar la oportunidad de disfrutar del paseo marítimo de Sóller, amplio, aunque no muy largo, que permite dar varias vueltas en su kilómetro de recorrido, que abraza la bahía de la localidad y une las dos principales zonas de playa, invitando desde allí a hacer un alto en el camino en alguna de sus terrazas o en engarzar en tu mano uno de los helados caseros de io Gelats Artesans.

Barrio marítimo en el Port de Sóller.

Además, Sóller no es solo su puerto. En realidad, el germen de la localidad está 'tierra adentro', a la que puedes llegar con mucha facilidad con el tranvía centenario que conecta ambas partes y que es uno de los planazos más recurrentes en la zona.

Plaza de Sóller, dominada por la iglesia de San Bartolomé. ©Sóller.

En esa subida, podrás conocer de primera mano una obra casi gaudiniana, la Iglesia de San Bartolomé, erigida por Joan Rubio, discípulo de Antoni Gaudí, y que es uno de los mejores ejemplos de arquitectura modernista en Mallorca junto con el Banco de Sóller (otra obra de Rubio) o el museo Can Prunera, también basado en los principios arquitectónicos del modernismo y que es sede de pequeñas exposiciones pictóricas, capaces de sorprender al más pintado.

Imágenes | Sóller / Illes Balears

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