El 66% de la canela que tomamos en Europa, según un estudio, sería un fraude (y muchas superan los niveles de plomo permitidos)

Tras analizar 104 muestras comercializadas en una docena de países, incluido España

Jaime de las Heras

Editor Senior

A veces no es oro todo lo que reluce… ni canela lo que dice ser. O, al menos, no en su totalidad. Un reciente estudio, publicado en la revista Nature, que ha analizado 104 muestras de diferentes canelas comercializadas en una docena de países de Europa, incluido España, ha comprobado que el 66% de ellas podría considerarse legalmente un fraude.

Convertida en una de las especias más populares de nuestra cocina, especialmente en repostería, la canela tiene, de serie, dos divergencias que ya contamos en DAP como es la distinción entre sus dos variedades principales: la canela de Ceilán (Cinnamomum zeylanicum o Cinnamomum verum) y la canela cassia (Cinnamomum cassia), siendo la primera más cara y con un sabor más refinado, mientras que la segunda es más barata, más basta y, además, tiene una mayor cantidad de cumarina, un compuesto que desarrolla naturalmente esta especie y que en dosis altas puede ser letal para el ser humano. 

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Más allá de esa puntualización, la investigación se ha centrado en valorar la seguridad, calidad y el potencial de fraude de las muestras, comprobando que, en general, hay mucho gato por liebre en la comercialización de la canela.

La canela de Ceilán se reconoce en rama por tener un color más claro, ser más sutiles y por la forma de enrollarse, de manera telescópica.

En este sentido, por ejemplo, comprobaron a través de un examen termogravimétrico –que se utiliza para comprobar el total de ceniza presente en la canela–, que de las 28 referencias que presumían de un origen, bien fuera botánico o bien fuera geográfico, seis no cumplían con los parámetros.

No obstante, no es esto lo más grave de los resultados. Según su investigación, 10 muestras violaban los límites de plomo permitidos en la Unión Europea (2 mg/kg) y 13 referencias mostraban elevados niveles de azufre, lo cual denotaría que también se incumpliría la legislación comunitaria en cuanto a la presencia de sulfitos, un alérgeno de declaración obligatoria.

La cassia se enrolla en forma de pergamino, solo en los extremos, y es de una corteza más dura que la canela de Ceilán. Además, es más picante y poderosa aromáticamente.

Como era previsible, también había más muestras de canela cassia y, por tanto, con más cumarina, suponiendo así que, según la investigación, el 29,8% de las muestras analizadas supondrían un riesgo potencial para menores de 10 años.

Lo que revela la investigación también es que hasta el 9% de la referencias que se etiquetaban como canela de Ceilán realmente eran cassia y que otras seis nuestras mostraban niveles altos de canfor, lo que presupone la sustitución de las canelas anteriores o la adulteración de la Cinnamomum camphora, otra variedad de canela no tan frecuente. 

Con los datos en la mano, el informe concluye que solo el 33,7% de las 104 muestras estaría libre de fraude, preocupaciones de seguridad o calidad, donde las muestras de canela de Ceilán demostraron tener menos muestras sospechosas que otro tipo de canelas. 

Imágenes | iStock / Freepik

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