Era la bebida nacional de Francia, pero los jóvenes no quieren saber nada de ella: Ricard ha sacado una versión diluida de pastis para volver a gustar

La marca lanza un formato más suave y práctico para adaptarse a nuevos hábitos de consumo

Joana Costa

Editor

Durante décadas fue casi un ritual en las terrazas del sur de Francia: vaso ancho, hielo al final y ese icónico color lechoso que aparece al mezclar agua con anís. El pastis no era solo una bebida, era parte del paisaje cotidiano. Pero algo ha cambiado, y no precisamente a favor de esta tradición.

Las nuevas generaciones, hijas de las corrientes healthy, se han ido alejando de este clásico marsellés. Más allá del sabor, que no siempre encaja con los paladares actuales, el problema está en la forma de consumo. Prepararlo requiere cierta liturgia, a saber: medidas, agua y tiempo, algo que no termina de conectar con un público más acostumbrado a lo inmediato.

Para beber sin preparar

Ahí es donde entra en juego Pernod Ricard, marca que ha decidido ajustar el producto sin romper del todo con su identidad. La marca ha lanzado una versión de pastis ya diluida, con solo 4,5 % de alcohol, pensada para beber directamente y sin necesidad de preparación.

La idea no es nueva, pero el enfoque sí. Según explican desde la compañía, se trata de una receta completamente diferente, diseñada para consumidores más jóvenes, urbanos y poco familiarizados con el ritual tradicional del pastis ni sus dosificaciones. Es un cambio que busca simplificar la experiencia sin perder las notas anisadas características, informa la prensa francesa.

El formato también cambia. Pequeñas botellas individuales de 20 centilitros, fáciles de transportar y pensadas para consumir en contextos más informales: una playa, una partida de petanca o una terraza improvisada, incluso un botellón. El objetivo es claro: convertir el pastis en una bebida más accesible y menos ceremoniosa.

Edición limitada: prueba piloto

El movimiento llega después de una prueba previa que sí funcionó. Una edición limitada lanzada en 2025 tuvo buena acogida, lo que ha animado a la marca a apostar por una distribución más amplia en supermercados y canales habituales. Esta vez, con una estrategia comercial mucho más ambiciosa.

Segunda bebida tras el agua

Los datos, en cualquier caso, reflejan el peso que sigue teniendo el producto. Según NielsenIQ, la botella de un litro de Ricard fue en 2025 uno de los productos más vendidos en supermercados franceses, solo por detrás del agua embotellada. Un indicador de que la tradición sigue fuerte, aunque el consumo esté cambiando.

El precio, eso sí, introduce otra variable. Esta versión lista para beber resulta considerablemente más cara por dosis que el pastis clásico preparado en casa. Esta diferencia la marca la intenta compensar con diseño, formato y experiencia, apostando por ese concepto de objeto reconocible y casi coleccionable.

En el fondo, lo que está en juego no es solo una bebida, sino su lugar en la cultura cotidiana. El reto para Ricard no es menor: mantener el vínculo emocional de siempre mientras intenta seducir a quienes ya no lo ven como parte de su rutina.

Foto | Office du Tourisme de Marseille y Carrefour

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