Hubo un tiempo en el que llenar el carro de la compra con 30 euros no sonaba a ironía. Era un reclamo publicitario realista para una época en la que el precio de los alimentos básicos todavía no había dado el salto que se ha visto en las últimas dos décadas. Hoy, la frase sobrevive más como recuerdo que como posibilidad.
Más allá de la nostalgia, el dato es contrastable, pues según el Instituto Nacional de Estadística, el índice de precios de consumo (IPC) en España ha acumulado una subida de más del 85% desde los años 2000 hasta la actualidad. Esto significa que aquellos 30 euros equivaldrían hoy, aproximadamente, a unos 55 euros solo por efecto de la inflación general.
Sin embargo, el problema no es solo el IPC global. Los alimentos han subido por encima de la media en varios periodos, especialmente desde 2021. El propio INE sitúa incrementos acumulados mucho más elevados en productos básicos como aceite, lácteos o carne, que son precisamente los que más peso tienen en una compra habitual.
Compra sin frescos
En la práctica, ese carro de 30 euros se ha encarecido bastante más que ese 85%. El experimento lo pone a prueba el youtuber Elías Sweet, que intenta replicar aquella promesa con una compra actual, teniendo en cuenta que los sueldos de antes no son los de ahora (aunque estos no hayan subido al mismo nivel). El resultado es bastante elocuente: con 30 euros no consigue incluir prácticamente ningún producto fresco.
Para completar una cesta de la compra familiar básica (con leche, café, carne picada, pasta o yogures, entre otros) el ticket final se dispara hasta los 91 euros. Es decir, no solo se ha duplicado el coste, sino que en la práctica se ha más que triplicado.
Hoy en día, una compra semanal básica puede duplicar o incluso triplicar ese importe, dependiendo de la calidad y variedad de los productos. Lo que antes podía llenar un carro hoy apenas cubre una compra muy limitada.
Cambio en el coste de vida
Comparando productos básicos equivalentes, el salto es evidente. Basta mirar el precio del aceite de oliva o de la leche en los últimos años para entender por qué esa cifra de 30 euros ha quedado desfasada. No es una percepción, sino que es una transformación estructural del coste de vida.
El vídeo que recupera ese mensaje de Lidl conecta con una memoria colectiva que ya no encaja con la realidad actual. Pero más allá del impacto, los datos confirman que no se trata de exageración, sino de una consecuencia directa de la inflación acumulada.
Hoy, con 30 euros, llenar un carro de la compra completo es prácticamente inviable, apenas da para una bolsa. Como mucho, alcanza para una compra muy ajustada, casi de emergencia y de marca blanca. La diferencia no es solo económica, también refleja cómo ha cambiado la supervivencia con algo tan básico como hacer la compra.
Foto | Joana Costa