Un análisis de la organización detecta avances en jugosidad, pero señala exceso de aditivos y problemas en la fritura
La escena se repite cada Semana Santa: bandejas de torrijas en supermercados, listas para consumir sin manchar la cocina ni llenar la casa de olor a aceite. La comodidad pesa, pero el paladar sigue teniendo una memoria que recuerda los matices.
Según un análisis de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), las torrijas industriales han mejorado en los últimos años, especialmente en textura y jugosidad. El interior resulta más tierno y agradable que en análisis anteriores, lo que indica cierta evolución en los procesos de elaboración.
Sabores aceitosos
Sin embargo, el avance no es uniforme ni suficiente. El organismo advierte de que persisten defectos importantes, especialmente en la fritura. En varias muestras se detectan sabores aceitosos y retrogustos grasos, un problema que suele estar relacionado con el recalentamiento o reutilización del aceite.
Uno de los puntos más críticos es la composición. Muchas torrijas analizadas incluyen una presencia elevada de aditivos (hasta 14 en algunos casos y una media de cinco por unidad) entre colorantes, conservantes, emulsionantes o correctores de acidez. Esto las sitúa claramente en la categoría de ultraprocesados.
Sustitución de ingredientes
También se observa una desviación clara respecto a la receta tradicional. Ingredientes como la miel o el azúcar, habituales en la elaboración casera, han sido sustituidos en muchos productos por jarabes de glucosa o fructosa, más económicos pero de menor calidad organoléptica. Según el análisis, solo algunas excepciones mantienen una formulación más fiel.
En cuanto a la fritura, la mayoría de fabricantes utiliza aceites neutros como el de girasol o nabina. Aunque son habituales en la industria, su manejo resulta clave: si se degradan por el uso intensivo, pueden afectar negativamente al sabor final, algo que el panel de cata detecta con claridad.
Las mejores
Entre las opciones mejor valoradas destacan dos productos concretos. Por un lado, las torrijas del obrador de El Corte Inglés, que sobresalen por su sabor y por no incluir aditivos, acercándose más a la receta clásica, aunque con margen de mejora en el etiquetado.
Por otro, las torrijas del Horno de Mercadona obtienen la mejor puntuación en degustación y una buena relación calidad-precio, aunque incorporan hasta siete aditivos en su composición, lo que las aleja de un perfil más tradicional.
El análisis deja otro dato curioso: los precios por kilo han bajado respecto a hace dos años, a pesar de que los costes energéticos no han seguido la misma tendencia. Todo apunta a una estrategia comercial en un producto muy estacional, que además sigue siendo más económico que las versiones de pastelería.
La OCU recuerda, en cualquier caso, que se trata de un alimento calórico, con unas 300 kcal por cada 100 gramos. Un capricho que sigue teniendo más de tradición que de rutina, aunque ahora llegue en bandeja de plástico y con etiqueta nutricional incluida.
Fotos | Cottonbro Studio/Pexels
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