Adiós a uno de sus helados más recordados: un producto que competía con su versión de chocolate y que muchos recuerdan por poder desmontarse pieza a pieza
Los nacidos en los años 80 crecieron en una época peculiar para los helados. No era solo cuestión de sabores: también importaba la forma de comerlos. Algunos se desmontaban y otros se abrían como si fueran un pequeño juguete, generando debates casi infantiles frente al congelador del bar.
Ese tipo de productos, pensados para sorprender además de refrescar, marcaron una generación entera. Ahora uno de ellos vuelve a ser noticia después de que la marca española La Menorquina haya publicado un mensaje anunciando la retirada de uno de sus helados llamado Punky, un producto que durante años protagonizó los agostos de muchos.
Helados desmontables
Aunque hoy el mercado está dominado por helados más sencillos, tarrinas, polos o sandwiches, durante las décadas de los 80 y 90 muchas marcas apostaban por diseños casi mecánicos: capas que se separaban, piezas que podían desmontarse o combinaciones de sabores que invitaban a elegir bando.
Para quienes nacieron entre finales de los setenta y principios de los noventa, el verano estaba lleno de pequeños rituales. Uno de ellos era plantarse delante del congelador de un bar o un quiosco y decidir entre multitud de helados.
El helado ahora retirado formaba parte de esa lógica: la versión de vainilla convivía con otras tantas alternativas, por ejemplo el Mikolápiz, y cada uno tenía su pequeño grupo de seguidores.
Aquellos productos tenían además algo que hoy resulta casi exótico: muchos podían desmontarse. Algunas piezas se separaban en capas o permitían comer primero una parte y después otra. Ese pequeño gesto convertía el helado en una experiencia distinta.
No era solo comer algo frío en verano; era manipularlo, desmontarlo y decidir en qué orden desaparecería cada parte. Ese tipo de formatos respondía a una época en la que la industria del helado buscaba sorprender con formas nuevas, algo que también se vio en otros productos internacionales.
"Demasiada vergüenza"
En un breve mensaje difundido por la empresa, la compañía reconoce que el mercado ha cambiado y que las nuevas generaciones buscan otros formatos, mientras que quienes crecieron con él lo recuerdan con cariño, aunque, como ironiza la propia marca, "les da demasiada vergüenza pedirlo en público".
Si bien en los últimos años muchas marcas han descubierto que la nostalgia vende con helados que parecían olvidados han regresado gracias a la memoria colectiva de quienes los probaron de pequeños, esta técnica no siempre funciona. A veces el producto desaparece porque el mercado cambia o porque las preferencias del consumidor evolucionan hacia otros caminos, como en este caso.
Pero cada retirada tiene algo de pequeña despedida generacional. Para muchos adultos que crecieron en los años 80 y 90, esos helados no eran solo un postre de verano: eran parte de una escena muy concreta. El ruido del congelador de un bar, la moneda de cien pesetas en la mano y la eterna discusión con los amigos: vainilla, fresa o chocolate.
Foto| @la menorquina/Instgram
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