La cadena zaragozana puede recurrir la decisión de la Oficina Española de Patentes y Marcas, aunque la presión se intensifica
Italia vuelve a ponerse por delante en una batalla que lleva años cociéndose a fuego lento. Esta vez, el golpe es especialmente relevante porque no se queda en el plano comunitario. La Oficina Española de Patentes y Marcas ha decidido anular en España la denominación “La Mafia se sienta a la mesa”, emblema de la cadena de restauración de inspiración italiana nacida en Zaragoza.
Con ese movimiento, Roma gana una baza clave. A priori, tiene muchas opciones de llevarse el gato al agua y forzar un cambio de nombre definitivo. No es un simple tirón de orejas. La decisión abre la puerta a que la enseña deje de usar una marca que Italia considera ofensiva para parte de su población, por lo que representa el término “mafia” en su historia reciente.
La resolución de la OEPM, fechada el 26 de febrero, sostiene que el signo choca con el orden público y también con las buenas costumbres. No se trata, según el organismo, de una alusión lejana o literaria. La expresión, dice el texto, reproduce de forma directa el nombre de una organización criminal real, vinculada a una realidad persistente. Ese punto es central, porque convierte el debate en algo más serio que una cuestión de gusto.
Desde la perspectiva italiana, el problema va más allá de una palabra llamativa para un negocio. Vincular “mafia” con momentos agradables, como salir a cenar o disfrutar del ocio, supone blanquear simbólicamente un fenómeno que ha dejado víctimas. Ahí se apoya parte del argumento moral. La OEPM incluso recuerda que la criminalidad organizada asociada a estas redes lleva instalada en España desde antes de que la compañía registrara la marca.
Otro elemento que refuerza la posición de Italia es el contexto europeo que describe la propia resolución. España aparece citada como un espacio atractivo para el tráfico de drogas y, sobre todo, para el lavado de dinero mediante compras e inversiones en hoteles, restaurantes y bares situados en zonas turísticas. Esa referencia coloca el asunto en un terreno sensible. Además, la oficina subraya que permitir el registro y la explotación comercial de signos así podría herir y perturbar profundamente a víctimas y familiares.
La empresa, por su parte, ha intentado desmontar esa lectura. Su defensa sostiene que el nombre se inspira en un libro de recetas titulado “La mafia se sienta a la mesa”. También ha invocado la libertad de expresión y el uso frecuente de la palabra mafia en ámbitos audiovisuales y literarios. Dicho de otro modo, presenta la marca como un guiño cultural, no como una exaltación del crimen.
Sin embargo, la línea que separa lo artístico de lo comercial es justo donde Italia cree tener ventaja. Según el experto citado en el texto, no es equiparable emplear un concepto en una obra creativa que hacerlo para identificar un negocio, porque en este segundo caso se corre el riesgo de banalizar hechos dolorosos.
La Mafia se sienta a la mesa, en su mejor momento económico
Ese enfoque ya había encontrado eco en Europa. De hecho, en 2018 el Tribunal General de la Unión Europea ordenó la nulidad de la marca a escala comunitaria, al entender que podía implicar una banalización o incluso una romantización de la criminalidad organizada.
Aquel fallo europeo describía a la mafia como una estructura apoyada en intimidación, violencia física y asesinato, vinculada a actividades como tráfico ilegal de drogas y armas, blanqueo de capitales y corrupción.
Con ese antecedente, la decisión española encaja en una estrategia de desgaste sostenido. Italia no solo logra anular el registro, también aprieta en los tribunales: ya ha acudido a los juzgados mercantiles de Barcelona para impedir que la compañía continúe usando el distintivo, y se apunta a que podría haber resolución en menos de un año.
Queda margen de maniobra para la cadena. Dispone de un mes para recurrir la resolución de la OEPM porque la resolución no es firme y cabe interponer recurso de alzada, posibilidad que la empresa continúa analizando junto a sus asesores jurídicos.
De hecho, en un comunicado de prensa, la compañía que su marca ha sido registrada y renovada en distintas ocasiones por la propia Oficina Española de Patentes y Marcas a lo largo de más de dos décadas.
Del mismo modo, señalan que han intentado en varias ocasiones mantener un diálogo directo con el embajador italiano que impugnó la marca para explicar el origen y el sentido del nombre, sin que dichas solicitudes hayan sido atendidas.
Mientras tanto, el grupo sigue creciendo con fuerza: elevó ingresos hasta 132 millones de euros tras subir un 12% en el último ejercicio, cuenta con 114 restaurantes en España y quiere llegar a 200 en 2029, además de planear nuevas aperturas. Todo ese impulso choca ahora con un nombre que, si Italia consolida su victoria, tendrá que cambiar de una vez por todas.
Imágenes | La Mafia se sienta a la mesa
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