
Hay que ser previsores antes de la hora de dormir y no limitarse a conectar el aparato justo antes de meternos en la cama
Las tórridas olas de calor casi siempre se llevan peor por la noche. Durante el día, si tienes la posibilidad, te refugias aislándote del exterior o pasas el día a remojo. Pero incluso de vacaciones dormir puede ser todo un reto cuando las temperaturas se niegan a bajar para facilitar el descanso. Ante la desesperación, y la inutilidad de abrir las ventanas, recurrir al aire acondicionado es cada vez el gesto más común. El problema es que, a menudo, no lo usamos bien.
Y nos lo advierten los propios fabricantes de estos electrodomésticos, convertidos en los últimos años en compañeros casi imprescindibles de nuestra vida en verano. Es tentador irse a dormir poniendo el aparato a funcionar a tope cuando ni una ducha nos refresca antes de ir a la cama; sin embargo, este gesto puede ser contraproducente, y no solo por posibles efectos perjudiciales de garganta o similares. Lo más probable es que sigamos sin lograr descansar.
Así lo explica Luis Miguel Martínez, product manager de Haier, marca especializada en el sector de la climatización. “La mayoría de las personas piensa que cuanto más fría esté la habitación, mejor descansará. Sin embargo, el problema no suele ser el calor en sí, sino los cambios bruscos de temperatura durante la noche. El cuerpo necesita reducir progresivamente su temperatura para conciliar el sueño y mantenerla estable mientras descansa”.
Ahí está la clave: irse a dormir con una temperatura ya más agradable en el dormitorio, que permita reducir la nuestra corporal de manera suave, impidiendo los picos de calor repentinos que tan a menudo nos despiertan de madrugada, casi siempre empapados en sudor. Y ocurre también al contrario; con una temperatura muy baja podemos despertarnos en plena noche pasando frío o con molestias respiratorias. Es algo común en los hoteles.
Para lograr esto, si recurrimos al aire acondicionado, lo ideal es encenderlo en el dormitorio al menos una hora antes de ir a dormir, manteniendo una temperatura que ronde los 24ºC, no menos de 22ºC. Y si venimos de la calle, y hemos dejado el aparato programado, no es buena idea que haya más de 10ºC de diferencia entre el interior y el exterior, pues esos cambios bruscos entorpecen la conciliación del sueño. Tener la puerta abierta siempre es mejor; si abrir las ventanas no es una opción, al menos nos ayudará que circule el aire dentro de la vivienda.
Pero el error más común que, según los expertos de Haier, se repite año tras año, es no haber protegido la vivienda durante el día. Lograr que llegue la noche con la menor temperatura interior posible es clave para conseguir dormir bien, sin tener que usar demasiado la climatización, y descansar. Cerrar ventanas y bajar persianas en cuanto arranca el calor fuera, abrir toldos, procurar no usar electrodomésticos que generen calor, etc.
Y si usamos el aire acondicionado en el dormitorio, lo ideal sería activar la función de noche o el modo sleep que hoy en día casi todas las marcas tienen. Así se irá adaptando la temperatura y la humedad poco a poco a nuestro ritmo de sueño.
Imágenes | Haier
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