
Este experto demostró hace décadas que el color y la sombra también ayudan a que una casa sea más fresca
Cada verano, cuando las temperaturas baten récords y el aire acondicionado se convierte en el gran aliado para combatir el calor, vuelve a surgir la misma pregunta de si es posible mantener una vivienda más confortable sin depender tanto de la climatización.
Mucho antes de que se hablara de arquitectura bioclimática o diseño pasivo, el arquitecto mexicano Luis Barragán ya trabajaba con una idea que hoy vuelve a cobrar protagonismo. Sus viviendas no reducían la temperatura mediante tecnología, sino a través de elementos como la orientación, la sombra, los patios, los materiales y, sorprendentemente, el uso del color.
Su obra, protegida por la UNESCO como Patrimonio Mundial, demuestra que la sensación térmica de una vivienda depende de muchos más factores que los grados que marque un termómetro.
Una casa también puede transmitir frescor
Barragán defendía en su obra que el confort no consistía únicamente en enfriar el aire, sino en crear espacios capaces de transmitir calma y bienestar. Para lograrlo diseñó viviendas con muros gruesos, patios interiores, jardines, fuentes y zonas de penumbra que protegían del intenso sol mexicano.
A diferencia de la arquitectura basada en grandes superficies acristaladas, sus proyectos apostaban por controlar cuidadosamente la entrada de luz natural. Las ventanas se dimensionaban para evitar el exceso de radiación solar y crear interiores más agradables durante las horas de mayor calor.
Esta estrategia, habitual en la arquitectura tradicional mediterránea y latinoamericana, reduce la ganancia térmica del edificio y limita la necesidad de recurrir a sistemas de refrigeración.
Percepción del espacio
Uno de los rasgos más característicos de la arquitectura de Barragán es el empleo de colores intensos como rosas, ocres, amarillos o azules. Tal como se ha puesto de manifiesto, no eran una decisión puramente estética.
El arquitecto utilizaba el color para modificar la percepción del espacio y de la luz. Según diversos estudios sobre percepción ambiental y neuroarquitectura, determinados tonos influyen en cómo el cerebro interpreta un ambiente, pudiendo transmitir mayor sensación de frescor, amplitud o tranquilidad sin alterar la temperatura real.
La combinación entre luz natural filtrada, superficies coloreadas y sombras suaves crea espacios que resultan visualmente más confortables incluso durante los meses más cálidos.
Recuperar la arquitectura bioclimática
Muchas de las soluciones empleadas por Barragán forman parte de la arquitectura tradicional desarrollada durante siglos en climas cálidos: patios interiores, muros de gran espesor, materiales transpirables, vegetación y recorridos de sombra.
Estas estrategias permiten reducir el calentamiento del edificio de forma natural y siguen siendo una referencia para la arquitectura bioclimática actual, cuyo objetivo es disminuir el consumo energético aprovechando las condiciones del entorno.
Más vigente que nunca
En un contexto marcado por las olas de calor y el incremento del consumo eléctrico durante el verano, el trabajo de Luis Barragán recuerda que una vivienda confortable no depende únicamente del aire acondicionado.
Controlar la entrada de sol, favorecer las corrientes de aire, incorporar vegetación, utilizar materiales adecuados o elegir una paleta cromática capaz de suavizar la percepción del calor son recursos que siguen plenamente vigentes. No sustituyen a un sistema de climatización cuando las temperaturas son extremas, pero sí pueden ayudar a que una casa resulte más fresca y agradable durante buena parte del día, reduciendo además la necesidad de consumir energía.
Fotos | En Pexels: Jan van der Wolf.
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