Un estudio asegura que la especie, Merluccius merluccius, ha ido perdiendo volumen en los últimos 100 años
La merluza es uno de los animales más icónicos de la cocina española. Resulta imprescindible para entender nuestra gastronomía. Sin embargo, hacia el año 2100, si seguimos por aquí o si siguen nuestros hijos o nietos, quizá alguien se extrañe al comprobar que las merluzas de las que hablaban sus abuelos o bisabuelos no se parecen tanto a las que lleguen entonces a la pescadería.
Serán, en promedio, más pequeñas. Y no por un capricho del mercado, sino por un cambio lento y persistente en el océano: un estudio alerta de que la merluza atlántica podría recortar su talla media entre 4 y 9 centímetros a finales de este siglo, empujada sobre todo por el calentamiento del agua.
La advertencia parte del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC). No se limita a una impresión general, sino que se apoya en un indicador muy concreto: la talla de madurez sexual de la merluza europea (Merluccius merluccius), es decir, el tamaño al que empieza a reproducirse. Esa cifra importa. Marca el ritmo de renovación de la especie y condiciona cómo se evalúa la salud de sus poblaciones.
Para llegar a la conclusión, el equipo reunió una serie histórica poco habitual por su amplitud. Compilaron datos desde 1925 hasta 2021. Son casi cien años de registros sobre tallas de madurez en distintas zonas, puestos en relación con la temperatura del mar. Con ese cruce, detectaron un patrón claro: a medida que sube el termómetro, la merluza tiende a madurar antes, pero lo hace con menos centímetros.
El estudio, además, encuentra un mapa que encaja con esa lógica térmica. En aguas frías del Atlántico Norte, la talla de madurez ronda los 53,4 centímetros. Más al sur, en el Atlántico, baja hacia los 40,1. En el Mediterráneo, todavía más cálido, cae hasta unos 30,9 centímetros. La foto completa incluye otro detalle relevante: machos y hembras no siguen el mismo calendario, y los machos alcanzan la madurez con tallas menores.
Con esa relación temperatura-talla ya observada en el pasado, los autores proyectan el futuro aplicando escenarios de calentamiento. Ahí aparece la horquilla de 4 a 9 centímetros menos hacia 2100. El investigador David José Nachón, del Centro Oceanográfico de Vigo, firma el trabajo y subraya que el hallazgo obliga a pensar en una gestión pesquera más adaptable. Porque si el mar cambia, también cambia el pez. Y cambiará, por extensión, lo que ponemos en el plato.
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