Prohibido compartir: los restaurantes de Austria han empezado a cobrar al cliente por poner platos vacíos de más

El Räuberteller, una práctica muy extendida en el país centroeuropeo, ahora topa con la picaresca del cliente que no quiere gastar de más

Jaime de las Heras

Editor Senior

En países como España es muy habitual que, al ir a comer fuera, se pidan varios platos para compartir entre todos los comensales. Esa costumbre de colocar las raciones en el centro de la mesa y que cada uno pruebe un poco de todo forma parte del estilo social y distendido de la gastronomía española. 

Sin embargo, al cruzar algunas fronteras, este gesto tan sencillo puede llegar a estar mal visto o incluso penalizado. Eso es precisamente lo que está ocurriendo en Austria, donde una nueva tendencia en el sector de la hostelería ha sorprendido a propios y extraños: varios restaurantes han comenzado a cobrar a sus clientes por los platos vacíos que solicitan para compartir comida.

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El conocido Räuberteller, que literalmente significa “plato del ladrón”, tiene su origen en una práctica tan extendida como inocente: pedir platos adicionales vacíos para repartir la comida. Su nombre, que juega con cierta ironía, alude a esa idea de que alguien roba parte de la comida ajena sin pagar por una ración propia. 

De la necesidad a la picaresca

Aunque esta forma de comer lleva décadas presente en muchos lugares como una forma de socializar o incluso facilitar que los niños coman lo mismo que los adultos sin desperdiciar comida, en Austria ha tomado un cariz más conflictivo. Lo que antes era un detalle sin importancia o un gesto de cortesía del local hacia sus clientes, hoy creen muchos restauradores que se ha transformado en una fuente de pérdidas. La práctica comenzó a generalizarse sobre todo tras la pandemia, cuando los hábitos de consumo cambiaron y se volvió común que más personas compartieran menos platos en la mesa.

Uno de los principales defensores de este nuevo enfoque es Ernst Pühringer, portavoz del sector turístico en Salzburgo y propietario del restaurante Gasthof Hölle. Él explica que esta costumbre se acentuó después de la crisis del coronavirus, cuando mucha gente empezó a modificar sus hábitos en los locales, explicándolo en el medio alemán Merkur.

Para Pühringer, esta situación ha derivado en lo que califica como una “mala costumbre que se ha salido de control”. En su establecimiento, se cobra 1,80 euros por cada plato adicional. Puede parecer poco, pero en el contexto general de un servicio, se convierte en una estrategia para compensar ingresos perdidos.

Hosteleros vs. comensales

El caso no es aislado. Según informaciones recogidas por varios medios austriacos, cada vez más restaurantes del país se suman a esta iniciativa. En Salzburgo, por ejemplo, se ha fijado un precio medio de cuatro euros por plato vacío

En otros lugares, el recargo se denomina de distintas formas: “dinero por plato”, “suplemento de servicio” o “cobro por cubierto adicional”. Incluso en Linz, una pizzería cobra dos euros por servir una pizza en dos platos. Lo que está claro es que los términos pueden cambiar, pero la lógica detrás de la medida es la misma: compensar el uso del servicio sin una ganancia proporcional.

En algunos casos extremos, como en un restaurante en la zona del lago Wörthersee, el recargo llegó a ser de 8 euros por plato extra, lo que provocó una oleada de críticas en medios y redes sociales. Sin embargo, los defensores de la medida insisten en que se trata de una respuesta a un contexto de creciente presión económica

Los márgenes de beneficio en el sector de la restauración son cada vez más ajustados, y muchos propietarios se ven obligados a encontrar “soluciones creativas” para mantenerse a flote. No solo se cobra por platos vacíos, también se han implementado otros recargos, como las tarifas por cancelación de reservas a última hora, conocidas como no-show fees.

A pesar de la controversia, no todos los hosteleros aplican estas normas de forma rígida. El propio Pühringer aclara que, si una madre comparte su comida con su hijo y el gasto total de la mesa es razonable, no cobra nada adicional. El sentido común sigue teniendo cabida, aunque cada vez más restaurantes optan por reglas claras para evitar ambigüedades o abusos.

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