Un técnico en vitivinicultura advierte sobre el error que muchos cometen cuando el camarero les da a probar el vino: “Estás a esto de hacer el ridículo”

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Ese pequeño sorbo que nos sirven antes que al resto de la mesa tiene una función concreta: comprobar que la botella no presenta defectos

Joana Costa

Editor

Pedir una botella de vino en un restaurante viene acompañado de un pequeño ritual. El camarero la abre, sirve una cantidad mínima a quien la ha pedido y espera unos segundos antes de llenar las demás copas. Y es entonces cuando muchos hacemos lo que hemos visto hacer cientos de veces: movemos la copa, olemos, damos un sorbo y decimos que nos gusta.

Sin embargo, esa no es exactamente la pregunta que nos está haciendo el camarero. Así lo recuerda Vinóforo, técnico en vitivinicultura y divulgador sobre vino en redes sociales: "El camarero no te da a probar el vino para ver si te gusta. Estás a esto de hacer el ridículo".

Efectivamente, no se trata de decidir si nos gusta. En uno de sus vídeos de TikTok, el especialista recrea precisamente la escena. Marear la copa, oler el vino, probarlo y responder con un "mmm, me encanta" es, según él, un "error de novato".

No es una degustación

La explicación resulta casi obvia: si hemos elegido una botella de la carta, la prueba no funciona como una degustación previa para decidir si finalmente queremos comprarla. "Al restaurante le da igual si te gusta. Tú lo has pedido, tú lo pagas", resume Vinóforo.

Lo que debemos comprobar en esos segundos es que el vino se encuentra en buenas condiciones y no presenta algún defecto. Uno de los problemas más conocidos es el llamado olor a corcho, que puede estar relacionado con la presencia de TCA y alterar notablemente los aromas del vino.

Cartón mojado o humedad

Identificarlo tampoco exige convertirse repentinamente en sumiller delante de toda la mesa. Algunos de los aromas asociados a este defecto pueden recordar al cartón húmedo, el moho o espacios cerrados con humedad. Vinóforo utiliza una comparación bastante más gráfica: "Si no huele a cartón ni a perro mojado, le dices: está perfecto".

Por tanto, tampoco hace falta montar una pequeña ceremonia cada vez que llega la botella. Oler el vino y probar una pequeña cantidad permite comprobar si encontramos algo claramente extraño antes de que el camarero continúe sirviendo al resto de comensales.

Si sospechamos que existe un defecto, podemos comunicárselo al personal para que compruebe la botella. No hace falta identificar técnicamente el problema: señalar que percibimos un aroma o sabor extraño es suficiente para que puedan revisarlo.

Otra cuestión distinta es que el vino esté perfectamente conservado pero simplemente no nos guste. Que resulte más seco, ácido, ligero o intenso de lo esperado responde a nuestras preferencias y no significa necesariamente que la botella esté defectuosa, como si hubierámos pedido un plato bien cocinado pero que no encaja con nuestros gustos.

Por eso, si no conocemos un vino o dudamos entre varias referencias de la carta, el mejor momento para preguntar es antes de pedir la botella. Y cuando llegue el famoso primer sorbo, ya podemos olvidarnos de buscar una frase sofisticada.

Fotos | Tiktok.com/@soyvinosforo

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