Aunque creas que un café espresso te va a espabilar más por su cafeína, cualquier barista te diría que cometes un error

Cafe Cafeina

Hay una paradoja en el café: más oscuro o intenso en sabor no significa siempre más cafeína

Jaime de las Heras

Editor Senior

Es un clásico de la cultura cafetera italiana: negro intenso, sabroso y corto. Casi un chupito convertido en café. Bajo ese aparente halo de potencia y contundencia, pensamos que el café espresso es lo que vamos a necesitar si buscamos un extra de cafeína en cualquier momento del día.

"Así me despabilo", piensas para ti mismo o dices en voz alta. Crees que, simplemente por apostar por un café que gustativamente parece muy potente, vas a llevarte una buena dosis de cafeína en ese pequeño sorbo. Sin embargo, la intensidad del sabor no permite saber cuánta cafeína contiene una taza.

Si tu intención es espabilarte con un café, es posible que un espresso te aporte menos cafeína que una taza de café filtrado. Lo importante es distinguir entre la concentración y la cantidad total que bebes. El espresso suele tener más cafeína por mililitro, pero se sirve en cantidades mucho menores.

Lo irónico y, en cierto modo, paradójico es que un café filtrado de color ligero puede aportar más cafeína por taza que ese espresso concentrado y diminuto. Su color negro azabache nos hace imaginarlo cargado de cafeína, aunque el aspecto no cuenta toda la historia. Esta aparente paradoja tiene que ver con la extracción, la cantidad de café utilizada y el volumen de la bebida.

La paradoja de la extracción: por qué intensidad no significa más cafeína

El café espresso tiene un sabor más intenso que un filtrado, pero eso no significa que aporte más cafeína. Durante su preparación, el agua pasa unos segundos en contacto con el café molido. Sin embargo, sería incorrecto pensar que apenas tiene tiempo de disolver la cafeína: la molienda fina y las condiciones de preparación permiten extraerla con rapidez.

Por tanto, el tiempo de contacto no explica por sí solo las diferencias. También influyen la proporción entre agua y café, la temperatura, el grado de molienda y la variedad del grano. Un espresso puede estar muy concentrado y, aun así, aportar menos cafeína en total que una taza grande de café filtrado.

Por contra, las preparaciones con métodos como la V60 o la AeroPress, así como los famosos cold brew, pueden aportar más cafeína. No ocurre necesariamente en todos los casos ni basta con elegir uno de estos métodos para garantizarlo. Depende de la receta y de la cantidad que acabemos bebiendo.

La explicación vuelve a estar en la extracción. El agua, la temperatura y el tiempo de contacto con el café condicionan el resultado, pero no actúan de forma aislada. Además, prolongar la preparación no significa que la cantidad de cafeína aumente indefinidamente ni de manera proporcional al tiempo.

Por eso, los cafés cold brew, que se infusionan en frío durante 12, 18 o 24 horas, no tienen necesariamente más cafeína que cualquier espresso. Pueden contener mucha si se preparan con una proporción elevada de café, pero también importa cuánto se diluyan después. Hablamos, por tanto, de una cuestión de extracción, receta y tamaño de la ración, no simplemente de sabor o color.

Imágenes | Ketut Subiyanto / Kaboompics / Cihan Yüce

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