Fry pasó a la historia con su mítico "¡Un gritón de dólares!" en uno de los mejores episodios de la serie
Ser Futurama no era fácil. Su hermana mayor era Los Simpson, y eso pesaba mucho. Al fin y al cabo, su creador, Matt Groening, ya había ideado en los años ochenta lo que probablemente sea la serie de animación occidental más relevante de la historia, convirtiendo a una familia amarilla de Springfield en protagonista de una ficción para el recuerdo.
Sin embargo, si lo miramos con un poco de perspectiva, es muy posible que buena parte de quienes han visto Futurama y Los Simpson tengan claro que Futurama, como serie y como concepto, es incluso mejor que su hermana mayor.
Evidentemente, las comparaciones fueron odiosas desde el principio. Cuando empezó a emitirse a finales de los noventa, recibió más palos de los que merecía. Con el tiempo, sin embargo, muchos espectadores rectificaron y entendieron que Futurama era una auténtica joya.
Para quien no la tenga muy presente, el planteamiento es sencillo. Philip J. Fry es un joven sin oficio ni beneficio, repartidor de pizzas y con una vida bastante monótona, que cae accidentalmente en una cápsula criogénica. Despierta mil años después, justo en la víspera de Año Nuevo de 2999, en Nueva York. Allí conoce a la cíclope Leela y al robot Bender, con quienes iniciará sus aventuras en el futuro, además de a su trigésimo sobrino nieto, el profesor Hubert J. Farnsworth.
Fry, de mindundi a millonario
Ese futuro, por supuesto, ha cambiado bastante. La ciudad ya no se llama Nueva York, sino Nueva Nueva York. Hay alienígenas, los robots son completamente autónomos, existen cabinas de suicidio, coches voladores y viajes interestelares. Pero también sobreviven cosas aparentemente corrientes. Entre ellas, una de las grandes protagonistas de uno de los episodios más recordados de la serie: una simple lata de anchoas.
El episodio se titula en inglés A Fishful of Dollars, un nombre maravilloso que juega con A Fistful of Dollars, el clásico del espagueti western de Sergio Leone, y fue el sexto episodio de la primera temporada de la serie. En España, por desgracia, lo tradujimos como 'Un pececito de dólares' y, para sorpresa de nadie, nos cargamos por completo el doble sentido del nombre.
Fry, que en el Nueva York de 1999 era un muerto de hambre con apenas 93 céntimos en su cuenta bancaria, descubre al consultar su saldo en el año 2999 que es obscenamente rico. Y, cuando decimos obscenamente, hablamos de verdad: en la serie tiene nada menos que 4.000 millones de dólares. No está nada mal para una siesta de mil años.
Claro, empieza a gastar sin demasiado control. Además de pagar la fianza de Bender, que era la razón por la que había ido al banco, se permite unos cuantos caprichos: el esqueleto de Ted Danson, un juguete robótico antiguo para Bender, la Monalisa –para practicar tiro al cuadro con ella– y, entre medias, invita a comer a sus amigos un par de pizzas.
Un mundo donde las anchoas se extinguen en el año 2200
Para unos, una pizza con todo, pero sin anchoas y, para él, una pizza con nada, excepto anchoas… Algo que le explota la cabeza –literalmente– al camarero robot que los atiende y justo en el momento que su tío Hubert J. Fansworth le explica que las anchoas se extinguieron en el año 2200, cuando los Decápodos aparecen en la Tierra.
Para Fry, las anchoas son casi una tontería nostálgica; para el mundo del año 2999, en cambio, son una reliquia absoluta. Por eso se deja esa barbaridad de dinero en una subasta para hacerse con la última lata de anchoas de la historia, un único envase de la marca Angry Norwegian del año 1997.
¿Parece mucho por una lata de anchoas? Desde luego. Pero alguien estaba dispuesto a pujar muy alto por ella: nada menos que Mom, la gran villana de Futurama. Bajo la apariencia de una entrañable mujer mayor se esconde la dueña de la empresa más poderosa del mundo en el siglo XXX. Algo así como meter en una coctelera a Nvidia, Inditex, Meta, Google y OpenAI.
"¡Un gritón de dólares!" como meme universal
En una subasta digna de Sotheby’s, Fry y Mom se enzarzan en una puja que comienza con 10.000 dólares hasta que Mom llega a ofrecer 23 millones de dólares por la lata, poco antes de que Fry deje para el recuerdo uno de los grandes momentos cómicos de la serie al levantarse y gritar una cifra absurda: "¡Un gritón de dólares!". En inglés dice one jillion dollars. Al final, eso sí, termina pagando 50 millones de dólares por las anchoas.
El problema para Fry es que Mom no piensa rendirse. Necesita esa lata, pero no para comérsela ni por ningún interés gastronómico. Lo que quiere es el aceite de las anchoas, esencial para sus robots. Y ahí entra otro tópico muy de finales del siglo XX: Pamela Anderson.
Mom idea un plan delirante en el que sus hijos, utilizando la cabeza de Pamela Anderson y un cuerpo disfrazado, consiguen seducir a Fry, dejarle la cuenta temblando y abandonarlo inconsciente en mitad de la calle. Vamos, más o menos como estaba en 1999, aunque con una diferencia fundamental: todavía conserva su preciada lata de anchoas.
Llega entonces el desenlace. Mom se ofrece a recomprársela, casi como si le estuviera haciendo un favor, pero Fry, que hasta ese momento no sabía que lo único verdaderamente importante era el aceite, rechaza la oferta. Él solo quiere comérselas.
Así que hace lo que habría hecho en 1999: reúne a sus amigos, abre la lata y coloca las anchoas sobre una pizza, esperando poco menos que una ovación general. Pero la reacción no es exactamente la que imaginaba. Sus amigos, lejos de maravillarse, las encuentran nauseabundas. Todos menos uno, claro: el doctor Zoidberg, que se abalanza sobre ellas con auténtica ferocidad.
Imágenes | 20th Television Animation
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