Hace 30 años, una película de Stallone presagió que en 2032 solo existiría un restaurante. De momento, se equivoca

'Demolition Man' solo pretendía ser una distopía de mamporros al estilo Sly, pero ha acabado convirtiéndose en una película más precisa de lo que parecía

Stallone
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Jaime de las Heras

Editor Senior
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Jaime de las Heras

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Hemos de empezar a admitir que Hollywood siempre ha sido un mundo de ficción y de humo, hasta el punto de que nos creímos sistemáticamente que todas esas distopías futuristas de los años 70 y 80 se harían realidad: que los coches flotarían, que colonizaríamos Marte, que ya habríamos conocido alienígenas, que habríamos descubierto un montón de curas para enfermedades y que, bueno, también tendríamos nuestras partes malas. 

Y, si nos ponemos en modo Mad Max, comprobaríamos cómo acabamos destruyendo el planeta; o cómo lo acabamos llenando de agua, como en Waterworld. Sea como fuere, la verdad es que ninguna de estas distopías ha llegado a cumplirse y una de ellas, protagonizada por Sylvester Stallone, es curiosamente una de las películas distópicas que más parecido a la realidad puede tener. A pesar de que nunca nadie se ha tomado en serio a Stallone ni a sus películas, en Demolition Man da algunas pinceladas que, con cierta perspectiva, se cumplen en cierta medida.

Los coches no hacen ruido y van solos, las reuniones se hacen por videoconferencia, el control por voz está totalmente normalizado, el dinero en metálico ha dejado de existir, los movimientos bancarios son 100% digitales y el sexo ya no es algo tan sucio y humano como siempre, sin que se hace con realidad virtual. A ello se suma que hay multas por usar lenguaje inapropiado y que ciertos vicios como el alcohol, la cafeína o el chocolate están totalmente prohibidos. ¿Casualidad?

demolition man Sandra Bullock, Stallone y Benjamin Bratt.

Nadie esperaba mucha profundidad en Demolition Man. Stallone es un poli duro, durísimo, llamado John Spartan. ¿Qué íbamos a esperar del bautizo de Stallone después de que medio mundo le llamase John por Rambo? ¿O quién le iba a poner un apellido de algo que no fuera tan duro como el adamantium como podría ser un espartano?

Nadie esperaba que una distopía de Stallone fuera precisa, pero se va cumpliendo.

Pero se pasa de frenada intentando detener a Simon Phoenix, un malo —malísimo— encarnado por Wesley Snipes, y se carga a un montón de civiles. En vez de degradar al bueno de Sly por su exceso de celo, lo que hacen es criogenizarlo, a modo de cárcel, para sacarle del frigo en el futuro, cuando ya haya cumplido su pena. Y, de paso, que todos sus seres queridos hubieran muerto por el camino, por lo cual la criogenización no parecía especialmente humanitaria.

Lo mismo que sucedió con Simon Phoenix, solo que a este, sin querer, lo descongelan antes de tiempo y se convierte en un chungo muy chungo en el Los Ángeles de 2032 (que ya no se llama así, sino San Ángeles, porque ha crecido tanto que Los Ángeles y San Francisco están unidos), pero la policía de la época no usaba los métodos expeditivos de Sly, así que sacan de la nevera  también a John Spartan para cazar a Simon. A partir de ahí, mamporros, chulería, persecuciones, tirarle los tejos a Sandra Bullock, lleva coches eléctricos que se conducen solos y apenas suenan… Y unificación culinaria. 

Solo puede quedar una: la franquicia líder en Demolition Man

Lo que, de momento, no se ha cumplido es la premonición gastronómica que sucede en Demolition Man. Si bien es cierto que no es una película la que acaba insistiendo en que viviremos a base de pastillas —algo que, al paso que vamos, parece bastante posible—, sí se atreve con una predicción bastante curiosa: que en el futuro solo habrá un tipo de restaurante. 

Demolition Man 1

Y, curiosamente, será tras haber unido a todos los restaurantes del mundo (al menos en Estados Unidos o en el Los Ángeles del año 2032, momento en el que está basada la película). Tras una súper unión de franquicias, apuntaba a que simplemente existiría una, pero nada más lejos de la realidad a la hora de dar de comer lo que se servía en ella en el año 1993, cuando se estrenó la película: Taco Bell. 

Lo extraño de la coña no es tanto que nos podamos poner distópicos y conspiranoicos sobre si el mundo será así o no dentro de seis años —tampoco es que quede mucho plazo como para que, en 2032, todos los restaurantes del mundo sean el mismo, al menos en la parte conocida del mundo—, sino que falló de cabo a rabo el que se le ocurrió traducir la película al castellano.

Taco Bell en el año 1993 sí que era una distopía

Si vemos Demolition Man en inglés, veremos que cuando se refieren a ir a restaurantes se refieren a ir a Taco Bell, una franquicia de cocina tex-mex fundada en 1962 y que, ya en los años 90, se convirtió en un fenómeno masivo en Estados Unidos, posiblemente por eso decidieron que sería quien se llevase el gato al agua de aquel movimiento ecualizador en la 'guerra de las franquicias'.

En España, se cambió Taco Bell por Pizza Hut para que el público entendiera de qué se hablaba.

Y, aunque hoy nos suene mucho más, en España el primer Taco Bell abierto al público llegó bastante después: en diciembre de 2008, en el centro comercial Islazul (Madrid).

Lo curioso es que, si intentabas explicar en 1993 “Taco Bell” al español promedio para que lo entendiera —teniendo en cuenta, además, que somos un público poco habituado a la la versión original—, las probabilidades de que supieran de qué estabas hablando o adónde iban a cenar Stallone y sus colegas en la película eran remotísimas. 

Así que decidieron traducirlo por algo que en los 90 sí lo petaba en España, o al menos era bastante más conocido: Pizza Hut. Al punto de que llegó a tener más de 130 locales en su mejor momento en nuestro país, cuando se disputaba con Telepizza la hegemonía de la pizza a domicilio porque sí, amigos, hubo un día –algunos no lo recordaréis u os parecerá una distopía– en el que no había Glovo y a casa, dependiendo dónde, solo llegaba el Telepi y el chino del barrio.

Ahora, a los hechos nos remitimos; actualmente en España solo hay 13 Pizza Hut. No deja de ser anecdótico, en cualquier caso, la manera en la que nuestra forma de consumir ha cambiado mientras encendemos el cronómetro para ver si Demolition Man acierta de aquí al año 2032.

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