Máquina expendedora de huevos frescos

Los ciudadanos de Frankfurt se vieron hace poco sorprendidos por una máquina expendedora de huevos frescos, instalada en una céntrica calle de la ciudad. En ella había 16 gallinas vivas, en sus respectivos cubículos, como si de una máquina de refrescos se tratara, solo que en vez de una bebida, prometía proporcionar huevos recién puestos.

La primera reacción que he tenido al verla ha sido de sorpresa e incredulidad, para luego darme cuenta de que se trata de una campaña de concienciación de NOAH, una organización defensora de los derechos de los animales.

Su mensaje es claro:

El 68% de las gallinas son tratadas como máquinas de poner huevos

Aunque la normativa europea al respecto ha cambiado mucho los últimos años, obligando a aumentar el tamaño mínimo del habitáculo de las gallinas en las granjas de producción masiva, las condiciones de vida de estos animales distan mucho de ser mínimamente agradables. Todo el día metido en un cubículo ínfimo, comiendo y poniendo huevos sin cesar, debe ser maravilloso.

Como bien apunta la propia NOAH, la solución en este caso la tenemos los consumidores, pues en nuestra mano está comprar únicamente huevos procedentes de granjas ecológicas o en los que al menos, las gallinas pasen parte de su tiempo en libertad, comiendo algo más que sólo pienso.

Ya lo hemos comentado en alguna otra ocasión, cada huevo lleva impreso una serie de números y letras con las que podemos identificar la información del país de origen, la granja y el modo de cría. El que más nos interesa, además del país (a España le corresponde las letras ES), es el primer número por la izquierda. Un 0 indica que procede de una gallina ecológica, el 1 de una gallina campestre, el 2 de una gallina de corral y el 3 de gallina criada en jaula.

Lo más habitual en los supermercados son los que llevan el nº3, es decir, gallinas explotadas en pos de la mayor producción posible. No obstantes, muchos hace tiempo que ofrecen huevos campestres (los que llevan el nº1), a un precio sensiblemente superior (en torno a un 50%).

Así, si optamos por estos huevos, además de disfrutar de su mayor sabor y su atractivo color, más amarillo gracias a una alimentación rica en maíz, colaboraremos en mejorar las condiciones de vida de las gallinas, evitando que se conviertan en máquinas expendedoras de huevos. Promoviendo de paso una avicultura responsable, que falta hace.

Personalmente, suelo comprarlos, porque noto mucho la diferencia en el sabor y como tampoco uso muchos huevos, la diferencia de precio no me supone un problema. Aunque he de admitir que cuando tengo que preparar una receta de repostería en la que hay muchos huevos, suelo comprar los normales. Por economía y porque para este tipo de recetas, prefiero que el sabor a huevo no tenga tanta presencia como la que adquiere con los campestres.

Y vosotros ¿Usáis huevos campestres?

Vía | Toxel
En Directo al Paladar | El huevo (I)

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