Preparaciones a la benedictina

Justo después de preparar y degustar los huevos a la benedictina del post anterior, decidí consultar sobre ellos, básicamente para comprobar que los había cocinado correctamente. Pronto descubrí que en su origen los huevos a la benedictina no tienen nada que ver con las preparaciones a la benedictina, que son relativamente modernos y que no han cambiado desde su creación.

Las preparaciones a la benedictina son aquellas en las que interviene un puré de bacalao y patatas, o bien la brandada, se hacen macarrones, tortillas o albóndigas.

El nombre hace alusión a la orden monástica de San Benito y a la frugalidad que se supone debe tener la alimentación, utilizándose bacalao que es el pescado tradicional de cuaresma, aunque a veces se enriquecen con ingredientes muy lujosos como por ejemplo trufas.

Los huevos a la benedictina sin embargo no tienen el mismo origen, ni se llaman así por utilizar puré con bacalao. De las varias teorías que existen sobre su nacimiento, la que da la fecha más antigua es la que dice que en 1894 el señor Lemuel Benedict, un empleado de Wall Street, entraba en el hotel Waldorf y para ayudar a pasar su resaca pidió una tostada con panceta, unos huevos escalfados y salsa holandesa, al maître del hotel le gusto tanto la petición que pronto la incluyó en el menú de desayuno, aunque sustituyó la tostada por un panecillo ingles.

Aunque a mí personalmente, la variante que más me gusta es la que se sustituye el jamón ahumado, el tocino, la panceta o el pastrami, por el salmón ahumado, es mucho más sofisticada y glamourosa, como corresponde a un buen brunch.

Foto | wiccahwang
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