Seis trucos para limpiar los cristales y que no te queden marcas

La clave está en la mezcla adecuada, el paño correcto y evitar ciertos errores habituales

Joana Costa

Editor

Limpiar cristales parece sencillo, pero es una de esas tareas domésticas que rara vez queda perfecta a la primera. Es habitual terminar con marcas, gotas secas o reflejos que solo se ven cuando ya se ha guardado todo y entra la luz desde cierto ángulo imprevisto. El resultado frustra más que la suciedad inicial.

El problema no suele estar en la falta de producto, sino en cómo y cuándo se limpia. Muchos errores comunes, como por ejemplo hacerlo a pleno sol o usar demasiado limpiador,  juegan en contra y multiplican las marcas en lugar de eliminarlas. En invierno y verano, además, las condiciones cambian y afectan al secado del cristal.

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La buena noticia es que no hace falta recurrir a fórmulas complicadas ni a productos caros. Con una mezcla adecuada, el paño correcto y algunos gestos bien aplicados, los cristales pueden quedar limpios, brillantes y sin reflejos molestos usando lo que ya hay en casa.

Limpiar sin sol directo

El primer truco es no limpiar con sol directo. Cuando el cristal está caliente, el producto se evapora demasiado rápido y se seca antes de poder retirarlo correctamente. Lo ideal es elegir un momento del día con luz suave o hacerlo en zonas en sombra para controlar mejor el secado.

Agua con vinagre

La mezcla más efectiva suele ser agua templada con unas gotas de detergente neutro o vinagre blanco. No conviene excederse con la cantidad: demasiado producto deja una película que luego cuesta retirar. El vinagre ayuda a eliminar grasa y restos de cal sin dejar residuos visibles.

Cuidado con las pelusas

El tipo de paño es fundamental para el resultado final. Los trapos de algodón o papel de cocina tienden a soltar pelusa y arrastrar la suciedad. En cambio, los paños de microfibra limpian y secan a la vez, dejando un acabado más uniforme y sin marcas.

Ojo a los bordes del cristal

Otro gesto clave es secar siempre los bordes del cristal. En esa zona se acumula humedad y es donde suelen aparecer las líneas una vez seco. Pasar un paño limpio por los márgenes al final evita ese efecto descuidado que estropea el conjunto.

Sacar las manchas acumuladas

Si el cristal tiene mucha suciedad acumulada, conviene no insistir directamente con el limpiador. Primero es mejor retirar polvo y restos con un paño ligeramente húmedo y, una vez limpio, aplicar la mezcla para el acabado final. Así se evita extender la suciedad por toda la superficie.

Menos cantidad en los espejos

En el caso de los espejos, la técnica es la misma, pero usando menos cantidad de producto. El exceso provoca chorretones que dejan marcas verticales difíciles de disimular, especialmente en baños con poca ventilación.

Aplicando estos trucos, los cristales recuperan brillo y transparencia sin esfuerzo extra ni productos industriales. El resultado se nota especialmente cuando entra la luz: sin reflejos molestos, sin marcas y con esa sensación de limpieza que dura más de lo esperado.

Fotos | Pexels

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