Vinagre, bicarbonato o jabón neutro funcionan por separado para devolver el brillo sin dañar la superficie
El acero inoxidable es omnipresente en la cocina moderna: frigoríficos, hornos, campanas extractoras o fregaderos. El problema es que también es uno de los materiales donde más se notan las huellas, las salpicaduras y las marcas de agua, especialmente en invierno, cuando se limpia más y se ventila menos.
Aunque existen limpiadores específicos, no siempre son necesarios. De hecho, son muchas las voces expertas en limpieza que recomiendan soluciones caseras sencillas, siempre que se usen bien y sin mezclar productos que no deben combinarse.
La clave está en entender que cada mezcla cumple una función distinta. No se trata de usarlas todas a la vez, sino de elegir la adecuada según el tipo de suciedad y el uso que se le da a la superficie, siempre evitando rayar este material tan decorativo.
Eliminar las huellas
La primera opción es el vinagre blanco diluido en agua. Utilizado por separado, es ideal para eliminar marcas de agua, huellas y restos ligeros. Pulverizar la mezcla sobre el acero y pasar un paño de microfibra devuelve el brillo sin esfuerzo y sin dejar residuos.
Este método funciona especialmente bien en frigoríficos, campanas o lavavajillas, donde las huellas se acumulan a diario. Además, el vinagre ayuda a neutralizar olores sin dañar el acabado.
Restos incrustados
Para suciedad más incrustada, como grasa seca o manchas persistentes, el bicarbonato es una alternativa distinta. Mezclado únicamente con agua hasta formar una pasta suave, se aplica de forma localizada y con movimientos delicados.
Es importante no frotar con fuerza. El bicarbonato actúa como abrasivo muy suave, suficiente para desprender la grasa sin rayar si se usa correctamente. Tras aplicarlo, basta con retirarlo con un paño húmedo y secar bien.
Para el día a día
La tercera opción es el jabón neutro diluido en agua. Es la más recomendable para limpiezas frecuentes, ya que mantiene el acero sin huellas y evita que se vuelva opaco con el tiempo. No deja olor y es muy respetuoso con el material.
Este método es ideal para el día a día, cuando no hay suciedad acumulada pero se quiere mantener una apariencia limpia y uniforme sin recurrir constantemente a productos más potentes.
Dos toques finales
Sea cual sea la mezcla elegida, hay dos gestos que marcan la diferencia. El primero es secar siempre la superficie al final con un paño limpio y seco, evitando así marcas de agua.
El segundo es limpiar siguiendo la dirección del pulido del acero. Este detalle reduce el riesgo de microarañazos y consigue un acabado mucho más homogéneo.
Usando vinagre, bicarbonato o jabón neutro por separado y con criterio, el acero inoxidable recupera su aspecto original sin productos agresivos ni riesgos innecesarios. Un mantenimiento sencillo que alarga su buen aspecto y evita daños a largo plazo.
Fotos | Pexels
En DAP | Esta es la mejor forma de quitar las manchas de los calcetines blancos, según una abuela
Ver todos los comentarios en https://www.directoalpaladar.com
VER Comentarios