Pollo mongoliano, receta chilena de inspiración asiática

Jaime de las Heras

Editor Senior
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La carne mongoliana es, seguramente, una receta que poco o nada tenga que ver con Mongolia, pero es que es relativamente popular en la cocina chilena. Como es lógico, allí donde hay una receta con carne, surgen versiones con pollo.

Del mismo modo que en otros países de la costa pacífica de Hispanoamérica, Chile también tuvo influencia asiática a finales del siglo XIX. No tanta como Perú, pero sí la suficiente como para que hubiera un goteo culinario al que seguramente debamos esta receta de pollo mongoliano donde aparece la salsa de soja y el jengibre como elementos nítidamente asiáticos. De hecho, es relativamente común que se prepare en wok.

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Complicación no tiene apenas. Simplemente, es marcar un poco de pollo fresco, al que se acompañará después con una salsa a base de la propia salsa de soja, el toque del ajo y del jengibre, dando como resultado una forma bastante fácil de comer pollo sabroso.

También, como decíamos, se puede hacer con ternera o con cerdo, como en la receta original de Pilar Hernández en la que nos hemos inspirado, pues la esencia de la receta apenas varía y nos permite cambiar el clásico registro de la pechuga de pollo con un toque chileno y asiático. Nosotros hemos adaptado un poco la receta, cambiando el wok por una sartén convencional y prescindiendo del enharinado del pollo, pero la esencia no cambia.

Ingredientes

Para 2 personas
  • Pechuga de pollo 300
  • Diente de ajo 2
  • Jengibre fresco 10
  • Salsa de soja oscura cucharadas soperas 4
  • Maicena cucharadita para diluir en 60 gramos de agua 1
  • Caldo de pollo 50 ml
  • Cebollino cucharadita 1
  • Sal
  • Pimienta negra molida
  • Aceite de oliva virgen extra

Cómo hacer pollo mongoliano

Dificultad: Fácil
  • Tiempo total 25 m
  • Elaboración 5 m
  • Cocción 20 m

Cortamos la pechuga de pollo en tiras finas o la picamos en cubitos de bocado más o menos. Aparte, picamos finamente los dientes de ajo, la punta del cebollino y el trozo de jengibre. En una sartén amplía, marcamos a fuego fuerte con un chorrito de aceite de oliva virgen extra el pollo salpimentado.

Cuando esté listo, que llevará un par de minutos como máximo, lo reservamos y, bajando el fuego a algo menos de la mitad, salteamos brevemente en la misma sartén el ajo, el jengibre y el cebollino, dejando que suelten su aroma y sabor, apenas un minuto.

Reintegramos el pollo, el jugo que haya soltado y una taza de caldo de pollo (o de carne, o de verduras), cocinamos ligeramente e incorporamos media taza de agua fría donde habremos diluido la cucharadita de maicena y la salsa de soja.

A fuego medio-bajo, tras recuperar el hervor, dejamos que el conjunto se cocine unos 10 minutos, dejando al gusto de espesor la salsa. Cuanto más reduzcáis, más concentraréis sabor y aroma. Servimos el pollo mongoliano caliente, acompañado, generalmente, de arroz blanco o de arroz chaufa.

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Con qué acompañar el pollo mongoliano

Como en tantas otras recetas elementales de pollo, el mejor compañero de estos pollos con salsa es un buen arroz blanco, pero también lo podéis acompañar de patatas asadas o patatas cocidas, así como de pasta, pero lo más canónico es un poco de arroz. Podéis, además, dar un toque final al pollo añadiendo un poco de cilantro fresco picado, un toque de picante en el sofrito, un poco de lima exprimida o, incluso, la ralladura de la piel de la lima.

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