Es una gran opción mantener los trozos de fruta sin que se hayan deshecho por completo para una textura más cuchareable
Tener a mano un chutney de piña puede marcar la diferencia en tu cocina. Esta versión agridulce es una auténtica delicia: tiene el toque tropical de la fruta, la acidez justa para limpiar el paladar y ese juego entre el dulce y el picante que te hace querer sumar una cucharada más. Es el típico acompañamiento que parece de restaurante, pero que tienes listo en apenas 30 minutos. Eso sí, un consejo: sabe mucho mejor cuando está frío, ya que los sabores se asientan y ganan intensidad.
El procedimiento es súper sencillo: solo hay que cocinar la piña a fuego lento hasta que se convierta en un jarabe y la clave está en dejar que la canela infusione durante la cocción y rematar con el punch de la cayena al final para que cada bocado tenga personalidad.
En una olla pequeña, colocar la piña picada, el vinagre, el azúcar y el jengibre molido. Calentar a fuego medio hasta que rompa a hervir, unos 2 a 3 minutos aproximadamente. En ese momento, bajar el fuego a mínimo, incorporar la canela molida y cocinar a fuego lento durante unos 20 a 25 minutos más. Remover con frecuencia para evitar que el azúcar se pegue al fondo. Cinco minutos antes de apagar, incorporar la pimienta de cayena para un toque picante necesario para equilibrar el resto de los ingredientes dulces. El chutney estará listo cuando el líquido sea un jarabe. De manera opcional, procesar dos o tres veces la preparación, pero sin romper todas las piezas por completo.
Con qué acompañar el chutney de piña
Este chutney combina bien con solomillo de cerdo por ejemplo, y como alternativa vegetal, es el compañero ideal para unos filetes de tofu empanado o unos medallones de seitán, estas proteínas al ser más neutras absorben bien el carácter especiado del jengibre y la canela.
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