Cualquier ensalada a base de col o repollo crudo tendrá una textura mucho más amable si la dejas reposando unas horas en la nevera con los ingredientes adecuados
La col blanca o repollo es perfecta para hacer ensaladas y platos muy ligeros e hidratantes que no requieren cocción alguna. Es famosa la coleslaw o ensalada de col americana, pero también tenemos ejemplos en Europa como la ensalada de col griega o lahanosalata. Son fáciles a más no poder, aunque si quieres mejorar la textura, vas a necesitar agua con gas.
Nos gusta que la ensalada de col esté crujiente, pues así es más refrescante y es una guarnición ideal para carnes o hamburguesas. Pero a veces cruje demasiado, es decir, está excesivamente dura, y no es muy amable con mandíbulas o encías delicadas. El agua con gas, y un debido reposo, ayuda a conseguir la textura perfecta.
Siempre hay que masajear la col cortada fina antes, sola o con la cebolla, para que empiece a enternecerse, como hacemos con la col kale. Pero hay un paso extra que merece la pena añadir a la elaboración: combinar vinagre, azúcar, sal, pimienta, aceite y con agua con gas, cubriendo la col por completo y dejando que repose, con algún peso encima, varias horas en la nevera. Lo ideal es de un día para otro, pero depende del punto que te guste.
A la hora de servir no hay más que escurrir todo el líquido y ya presentar la col, más suave y tierna, pero sin perder ese punto crujiente, como te plazca. Puedes usarla para preparar el resto de ingredientes de la coleslaw, o animarte con una ensalada de col vegana.
Para unos 600 g de col cortada será suficiente con mezclar 175 ml de vinagre, unos 50-70 g de azúcar, 15-20 g de sal, 75 ml de aceite de oliva y unos 400 ml de agua con gas. Con cuidado al verterla, pues obviamente se formará mucha espuma.
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