
Añadir una porción de legumbres al emplatar es el truco definitivo para ganar textura, color y valor nutricional
En la temporada de otoño disfruto preparando platos de cuchara calientes y reconfortantes, como esta crema de boniato que resulta tan atractiva por su dulzura y textura cremosa. Pero admito que muchas veces me falta algo para sentir que estoy comiendo un plato completo.
Mi solución es agregar una porción de legumbres al momento de servir: ya sean garbanzos, lentejas, alubias o guisantes.
No solo le dan un contraste de color precioso, sino que transforman la experiencia. Ese mordisco rompe la monotonía de la crema homogénea, suma un plus de proteína vegetal y convierte el plato en una opción mucho más saciante.
Además, si salteas las legumbres un par de minutos con especias cálidas como una pizca de comino, jengibre fresco rallado, curry o un toque de nuez moscada, equilibras a la perfección el dulzor natural del boniato y resaltas la frescura de los guisantes. Y, por supuesto, no puede faltar un par de rodajas de pan integral o de masa madre para mojar y aprovechar hasta la última gota.
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