Un nuevo estudio afirma que comer tres raciones de patatas fritas a la semana aumenta significativamente el riesgo de diabetes tipo 2
No es que vaya a pillar a nadie por sorpresa que las patatas fritas no son el alimento más saludable del mundo. Muy calóricas, hiperpalatables y casi adictivas, estamos incluso predispuestos genéticamente a que nos encanten. Pero hay que sumar una mala noticia más, ya que podrían aumentar el riesgo de diabetes tipo 2. Aunque no todo son malas noticias para los amantes de la patata.
Consumir al menos tres raciones de patatas fritas a la semana se asocia con un aumento del 20 % en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, según afirma un reciente estudio publicado en el British Medical Journal. Sin embargo, comer la misma cantidad de patatas cocinadas de otras formas no aumenta ese riesgo.
El trabajo, dirigido por la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, parte de estudios previos que ya habían insinuado un posible vínculo entre la ingesta de patatas y la enfermedad metabólica, pero que, según sus autores, hasta ahora era inconsistente y poco específica sobre los métodos de cocción y los efectos potenciales de sustituir las patatas por otros alimentos.
Ante la pregunta habitual de si las patatas son buenas o malas, los investigadores replantean la cuestión hacia una dirección que consideran más útil; ¿cómo se preparan y qué podríamos comer en su lugar?
Los autores analizaron las dietas y las cifras de diabetes de 205,107 hombres y mujeres, utilizando datos de tres grandes cohortes estadounidenses, con un seguimiento de más de 30 años. En el transcurso del período de estudio, 22,299 participantes informaron que desarrollaron diabetes tipo 2.
Y descubrieron que comer al menos tres porciones semanales de patatas fritas aumentaban el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en un 20%,; pero no había asociación significativa con el consumo de patatas asadas, hervidas o cocidas y hechas puré. Sin embargo, los investigadores calcularon que comer cereales integrales, como arroz integral -no blanco-, pasta o pan, en lugar de cualquier forma de patata, podría reducir el riesgo de diabetes tipo 2 en un 4 %. El porcentaje aumenta a un menor riesgo del 19 % si hablamos de sustituir las patatas fritas por granos o cereales integrales.
Aunque al ser un estudio observacional no se puede hablar de causalidad, Diana A. Díaz Rizzolo, del Grupo de investigación NUTRALiSS y coordinadora del Grupo de Trabajo de Estilos de Vida de la Sociedad Española de Diabetes, considera que es un estudio potente y con resultados robustos. “Aborda un punto clave que muchos estudios epidemiológicos nutricionales suelen pasar por alto”, afirma a SMC España, “y es donde radica habitualmente el sesgo: analiza con precisión qué alimentos se consumen cuando no se consumen las patatas fritas”.
Es decir, al hablar de nutrición es tan importante fijarnos en qué comemos como en lo que dejamos de comer cuando hacemos nuestras elecciones alimentarias. Es lo que advierten siempre los profesionales: no pasa nada por comer alimentos que se considerarían algo menos saludables, siempre que no desplacen a otros que sí son esenciales en la dieta. Y refuerza la idea de que no hay que demonizar alimentos sin tener en cuenta cómo se preparan, con qué se acompañan o por qué se sustituyen.
Coincide Cristóbal Morales, especialista en Endocrinología y Nutrición del Hospital Vithas Sevilla y también colaboradora con SMC, “[el estudio] aporta evidencia valiosa y ya conocida que respalda las recomendaciones actuales de priorizar cereales integrales y limitar alimentos fritos, incluso cuando se trata de opciones que en principio pueden parecer sanas como las patatas”. Llama especialmente la atención como incluso sustituir las patatas cocinadas de formas más sanas por cereales integrales puede disminuir el riesgo de diabetes.
La conclusión de los investigadores es clara y lanzan un mensaje simple y conciso hacia la salud pública: hacer pequeños cambios en nuestra dieta diaria pueden tener un impacto importante en el riesgo de desarrollar o no diabetes tipo 2. Así, como resume Morales, “la prevención de la diabetes tipo 2 empieza por incorporar y mantener estilos de vida y nutricionales saludables”.
Imágenes | Freepik/mrblmoreno
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